Por tierras de Castilla y León I
(Palencia y Valladolid)
Paulino Alonso Panero

Basílica visigótica (siglo VII) de San Juan Bautista,  Baños de Cerrato (Palencia). Panasonic DMC-LC70 con Leica DC Vario-Elmarit 5.8-17.4 (equiv. 35-105mm) f/2.8-4.9. Copyright © 2006, Eva Merino Campo.

Esto es simplemente el relato del reciente viaje que hemos hecho por tierras de Castilla y León entre el 30 de junio y 15 de julio de 2006. No pretende aspirar a premio alguno de literatura ni nada que se le parezca, solo eso, una especie de diario pormenorizado de todas las visitas realizadas, algunos consejos que espero sean de utilidad, anécdotas y por supuesto, fotos. En cuanto a esto último, y antes de empezar con el diario, he de contar mi decepción ante el error cometido, de auténtico principiante y del cual dejo constancia como primer consejo. Por cierto, gracias a mi hermano Juan por aclarármelo. Esto es lo que me ocurrió:

En los viajes, mi esposa Eva suele llevar la cámara de fotos y yo la cámara de vídeo que también permite sacar fotos. El caso es que el filtro protector del objetivo de la cámara de vídeo, me ha producido en la mayoría de las imágenes, el llamado efecto del viñeteado, que consiste en el sombreado de las cuatro esquinas de las fotos. Con mucha paciencia, buen software e imaginación, he intentado solventar este problema que espero no se note mucho en las fotos sacadas por mi, pues las de Eva están perfectas. Todas las imágenes podrás verlas en mayor tamaño señalando con el ratón en cada una de ellas.

Algunas de las imágenes han sido sacadas directamente de la filmación digital en DVD (704 x 576) y convertidas a formato JPG, por lo cual, la calidad deja mucho que desear cuando la amplias. De cualquier forma, su finalidad es meramente la de ilustrar el texto.

Debido a la extensión del texto y a la gran cantidad de imágenes y para que la carga de la página no se demore demasiado, he considerado oportuno dividir el texto en dos páginas, con una primera parte entre el 30 de Junio y el 7 de Julio que se desarrolla en Palencia y Valladolid y una segunda parte entre el 8 y el 15 de julio en Soria.

Por último, solo decirte que para cualquier sugerencia o aclaración, no dudes en escribirme.

Paulino Alonso Panero

Tenerife, Julio-Agosto de 2006

ÍNDICE

30 de Junio, viernes, llegada a Madrid.

En este viaje, nos hemos decidido a llevar a nuestro perro, Dexter, así que como era de esperar, la cosa empieza con clavada de 40 € por llevar a un animalito de 4 kilos que va dormido en una bolsa y que no molesta absolutamente a nadie. Esto es lo que te cobran en Spanair, desconozco las tarifas de otras compañías. Te permiten llevar, en cabina, una mascota de hasta 6 kilos, pero te cobran lo mismo pese 1 kilo o pese 6. En fin, que nos sale más caro que el pasaje de uno de nosotros. Se me olvidaba comentar la actitud  prepotente de uno de los guardas de seguridad del aeropuerto de Los Rodeos (Tenerife) que una vez pasados los controles de turno, nos ordenó meter a Dexter dentro del transportín, orden que lógicamente ignoramos, pues que yo sepa, solo es obligatorio dentro del avión. El perro ya había volado unas cuantas veces con nosotros y nunca nos había ocurrido algo parecido.

El avión, un Airbus 320, llega a Barajas, con algo de retraso, sobre  las 9 de la noche. Me dirijo a la oficina de alquiler de coches de National-Atesa. En la cola, detrás de mi, hay un tipo de lo más nervioso, con intenciones de avalanzarse hacía el mostrador a las primeras de cambio,  y por delante, un matrimonio inglés con dos niños absolutamente mal educados. La cosa se complica con los ingleses, así que cuando llega mi turno, la persona que me atiende, está que echa humo, y se pone aun más caliente cuando ve la ingente cantidad de talones Week-End Plan que la chica de la agencia de Halcón Viajes en Tenerife había preparado; algo que se podría haber reducido a diez talones como mucho, se convierte en setenta u ochenta de todos los colores. Al final, todo estalla cuando el oficinista me dice que aparte de los 510 € que he pagado con los talones, tengo que abonar 58,58 € en concepto de cargo de aeropuerto, según reza en la factura que puedes ver a la derecha. Recuerdo haber pagado alguna vez, cuando todavía funcionábamos en pesetas, tres mil y pico, pero es que estamos hablando de casi diez mil. Te puedes imaginar las discusiones, hoja de reclamaciones que no tienen, la cola por detrás que aumenta cada vez más, etc. Al final y a regañadientes, me llevo el coche... mañana será otro día.

Desde aquí, le doy un tirón de orejas a la chica de Halcón Viajes por haber hecho el desglose absurdo de talones y por no informarme de la burrada que me iban a cobrar en concepto de cargo de aeropuerto, que al día de hoy desconozco si es correcto; espero averiguarlo lo antes posible. De cualquier forma, como comprenderás, mi consejo es que evites alquilar el coche en el aeropuerto, a no ser que te aseguren por activa y por pasiva que ya están incluidos todos los cargos. El problema surge cuando llegas fuera del horario normal de oficinas y tienes que salir de ruta por la noche, pues no te queda más remedio que recogerlo en las oficinas del aeropuerto, que suelen estar abiertas hasta las 12 de la noche. Sin embargo, en nuestro caso, podríamos habernos ahorrado todo el embrollo, tomando el metro hacia Madrid, y recogiendo el coche a la mañana siguiente en cualquiera de las oficinas de la ciudad.

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1 de Julio, sábado, en ruta y llegada a Dueñas (Palencia).

Pasamos la noche del viernes en Madrid. El calor, a pesar de ser intenso, es soportable. Siempre he preferido el calor o el frío seco y mesetario de Madrid a la humedad del mar, aun habiendo nacido en tierra circundada por el reino de Poseidón; supongo que en esto de las preferencias, algo tendrá que ver mi ascendencia maragata.

Como suele suceder, madrugo más que nadie, así que aprovecho para salir a dar un largo paseo con el bueno de Dexter. Después del paseo y de desayunar, salimos de casa sobre las diez de la mañana en dirección a Las Rozas para encontrarnos unos minutos con mi hermano Juan. En la tienda de Pilar, creo que así se llama, compramos las famosas magdalenas caseras que tanto le gustan a mi hermano y de las que daremos buena cuenta durante el camino. Mientras esperamos a Juan, Dexter hace algunos amigos y también enemigos; gran problema el de los perros que van con sus dueños pero sin estar atados, sobre todo porque la mayoría de las veces los amos no son capaces de controlarlos.

Salimos de Las Rozas, tomamos la A6 en dirección a La Coruña, y al llegar a Guadarrama, en vez de seguir por la autopista y túnel de peaje, nos vamos por el Alto de los Leones, ruta mucho más bonita e interesante, hasta enlazar de nuevo con la A6 en Adanero, ya en la provincia de Ávila. Curiosamente, a pesar de ser conocido por todo el mundo como Alto de los Leones, realmente es el Alto del León, llamado así por la estatua de un león hecha en piedra que hay en su cima, a 1.511 metros de altura sobre el nivel del mar. Sin embargo, durante los años del franquismo, se le llamó Alto de los Leones de Castilla o simplemente Alto de los Leones y así ha trascendido hasta nuestros días, en homenaje a las tropas del bloque nacional, por su actuación durante la tarde del 22 de julio de 1936. La historia es más o menos como sigue:

El Alto del León es ocupado al amanecer del día 22 de Julio por las tropas republicanas mandadas por el coronel Enrique Castillo, sin encontrar ningún tipo de resistencia dada la ausencia total del enemigo. Al caer la tarde de ese mismo día, las tropas nacionales mandadas por el capitán Enrique Guiloche, flanqueadas por la izquierda por una compañía del regimiento de San Quintín y un grupo de falangistas mandados por José Antonio Girón, y por la derecha dos compañías del mismo regimiento y otro grupo de falangistas mandados por el capitán Ortiz, tras duros combates, hacen retroceder a las tropas del coronel Castillo, conquistando y ocupando la explanada del puerto.

Llegamos a Dueñas, sobre las 2 de la tarde. Encontramos rápidamente la bonita casa rural que hemos alquilado; Las Calzadas. Sobre la casa, esto es lo que he escrito recientemente en el foro de Top Rural:

Efectivamente, una casa cautivadora. Confirmo punto por punto lo que dicen los otros comentarios, para lo bueno y para lo menos bueno. Como todas las cosas de la vida, tiene sus puntos débiles, pero quedan en un segundo plano debido al encanto especial que tiene esta casa, así como sus dueños, María y Alberto, el pueblo de Dueñas, el Monasterio de la Trapa, las bodegas, el lechazo asado, el Canal de Castilla y tantas otras razones para volver, como así esperamos hacer algún día. Por destacar algo de la casa, me quedo con el porche y ese maravilloso jardín rústico, lleno de pájaros a todas horas y si tenéis perro, como era nuestro caso, se lo pasará de miedo. También quería resaltar la situación estratégica de la que goza, por su cercanía al pueblo, con todo a mano para ir andando; autoservicios, panadería, comercios, bancos, farmacia, etc. Y para acabar, una sugerencia: un par de bicicletas nos hubieran venido muy bien.

Después de situarnos, ver la casa, y todas esas cosas que uno suele hacer cuando tomas posesión del castillo recién conquistado, nos vamos a comer, aconsejados por María y Alberto, los dueños de la casa, al Mesón El Arriero, a 5 minutos andando. La comida, magnífica. Tomamos primero para picar un revuelto de morcillas y piñones y de segundo lechazo asado, todo ello acompañado de buen vino de Cigales. Nos sale la cuenta por 78 euros, pero la verdad es que el cordero los valía y el local también, una umbría bodega con un frescor natural de lo más reconfortante, presidida por un busto de Pepe Botella, que según cuentan, parece ser que estuvo alojado en la conocida como "casa de Napoleón", situada detrás de la Iglesia de Santa María y que puedes ver en la foto. A propósito de esto, bien vale la pena recordar algunos hechos históricos relacionados con Dueñas:

En el año 1078, Alfonso VI otorga el Fuero a Dueñas, lo que le da entidad y firmeza durante un siglo por depender directamente de la corona. Por diversas circunstancias, amos y señores de Dueñas fueron Leonor de Inglaterra, Enrique de Trastámara y su amante Leonor Álvarez, y también el Rey Juan II, que en el año 1439 la cede a la nobleza y la pone en manos de Don Pedro de Acuña. Los Acuña, Condes de Buendía, tienen poder y por la posición que mantienen, logran el 16-09-1468 en Guisando, que Enrique IV reconozca a su hermana Isabel como su única y legítima heredera, entre tanto, ya habían elegido como consorte a Fernando, Príncipe de Aragón, al que, con la aprobación de su padre Juan de Aragón, ayudan a trasladarse a Castilla disfrazado de arriero, entrando en Dueñas el 9 de Octubre de 1469, para casarse con Isabel el 19 del mismo mes y año en Valladolid.  Por circunstancias de la historia, en el palacio de los Buendía, Isabel da a luz a su primera hija, Isabel, que fue bautizada en la pila bautismal que aun se conserva en la iglesia de Santa María. Esta niña, hija de los Reyes Católicos, se convertiría posteriormente en la Reina de Portugal. Pasa la historia y en el siglo XIX las tropas francesas se establecen en el Monasterio de San Isidro (La Trapa) durante un largo periodo de tiempo, albergándose durante unos días José Bonaparte (Pepe Botella), entonces Rey de España, en la casa que ya hemos citado. Si te interesa, aquí tienes más información.

Después de una siesta interminable, producto de la abundancia de comida y bebida y del calor, nos vamos a comprar al supermercado, y más tarde, a disfrutar de la casa, del jardín, de la cancha de baloncesto...

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2 de Julio, domingo, el milagro de La Trapa.

Hoy puede ser un gran día, así que nos levantamos tempranito, a las ocho, con intenciones de ir a La Trapa, a la misa de 11. La Abadía Cisterciense de San Isidoro, se encuentra muy cerca de Dueñas. Hay que tomar la N-620 en dirección a Palencia y a unos 2 kilómetros, el desvío a Venta de Baños. Una vez metidos en el desvío, si cogemos a la izquierda y cruzamos el puente sobre la autopista, podremos ir a la fábrica de chocolates que tiene un kiosco para degustación y compra. Si cogemos a la derecha, sin cruzar el puente, veremos un cartel, no muy claro, que nos indica el camino a La Trapa; ojo no nos vayamos a ir hacía Venta de Baños. La misa es verdaderamente espectacular, aunque yo eché en falta un poco más de latín, por recordar viejos tiempos. Aproximadamente una hora y cuarto de ceremonia, en la cual no faltaron, entre otros ingredientes, inciensos de todos los aromas, la bendición a cada uno de los asistentes con rama de olivo y agua bendita, la comunión con obleas mojadas en vino y preciosos cánticos, algunos gregorianos, con acompañamiento de órgano. Lo que más impresión me causó, fue el sumo respeto y misticismo que imperaba entre los monjes y todos los asistentes y del cual también nos contagiamos milagrosamente. Pero, sepamos algo más del monasterio y sus moradores:

Los orígenes del monasterio se remontan, según el sentir general de los historiadores, al siglo VII, dentro del monacato hispano-visigótico. No obstante, los datos documentales acerca de su existencia, sólo alcanzan en la actualidad hasta los comienzos del siglo X cuando, tras la invasión árabe, vuelve San Isidoro a ser repoblado por monjes benedictinos, que fueron sus moradores ininterrumpidos hasta la expulsión impuesta por la Desamortización de Mendizábal en 1835. En 1891, se reanuda la vida monástica, esta vez por los monjes cistercienses de la Estrecha Observancia (O.C.S.O.), conocidos a menudo como Trapenses, procedentes de la Abadía de Santa María del Desierto (Francia), dando nacimiento a la comunidad actual de San Isidoro, como se suele conocer habitualmente el monasterio.

El edificio monástico actual es testimonio de la larga historia de la abadía y de sus diversos períodos. La iglesia del monasterio es lo más antiguo de sus edificaciones. Su construcción original se remonta al siglo XI o comienzos del XII. Valiosas muestras de esta época son la portada de acceso, sus ábsides y la torre-cimborrio que la corona. Tras repetidos incendios y avatares a lo largo de su historia, el interior actual del templo corresponde a la última restauración de 1926, tratando de conservar su primitiva fisonomía en cuanto lo permitió su entonces precario estado de conservación.

El monasterio, por su parte, corresponde en su construcción actual al siglo XVII, como sustitución del edificio precedente, desaparecido con ocasión de uno de los incendios sufridos por la abadía. Se encuadra plenamente en el estilo herreriano, propio de la época. El interior que hoy contemplamos es también fruto de la restauración y adaptación de la actual comunidad cisterciense, resultando claramente apreciables en él las notas de sobriedad y sencillez que caracterizan su específico estilo de vida monástica.

Como dije, los domingos, la misa es a las 11, y de diario, al menos en verano, a las 7 de la mañana. También es aconsejable asistir al Oficio de Completas y canto de la Salve Regina, todos los días de verano a las 20.45. En este enlace, del cual he tomado parte de la reseña histórica, puedes saber más  sobre el monasterio y en este otro sobre la fábrica de chocolates.

Al mediodía, nos vamos a comer al Hostal El Zamorano, que está a la entrada de Dueñas, según vienes de Valladolid. Es el típico bar de camioneros de toda la vida, que casi nunca suele fallar. El menú especial del domingo cuesta 12 euros, y está pero que muy bien. De primero comemos unos guisantes con lechal, de segundo un bacalao con pimientos ajo y cebolla, exquisito, y de postre, profiteroles y hojaldre. En la foto puedes ver la buena pinta que tenía el bacalao. Otro día, pero de diario, repetimos la experiencia, no con tan buena nota, por ser platos mas rutinarios, pero bien después de todo. Ah, se me olvidaba hacer mención del buen servicio de mesa. Como a la entrada del bar, a la izquierda, tienen una vitrina con una buena colección de navajas para vender, aprovecho para comprar una preciosa "made in Albacete" por 7,50€ , pues había olvidado en Madrid, mi querida y útil navaja de Taramundi. Me resulta imprescindible este instrumento, que siempre te saca de cualquier apuro a la hora de cortar queso, chorizo, pan, fruta o lo que se tercie.

Después de comer y estar un rato en la casa, nos vamos de ruta, en coche,  por sitios más o menos cercanos. Desde Dueñas tomamos la P-903, con dirección a Ampudia. La carretera, pocos kilómetros después, pasa por el monte de Dueñas, que al día siguiente recorreremos caminando. Más adelante, a unos 20 kilómetros de Dueñas y a 3 de Ampudia, llegamos al Santuario de Nuestra Señora de Alconada o Arconada, regentado por religiosas cistercienses y que rodeado por una pradera con fuentes y árboles, es un lugar delicioso para el descanso y el silencio, y también con una bonita historia:

Según una antigua tradición, esta imagen fue venerada en Ecija hasta la dominación de los moros con el nombre de Nuestra Señora de los Remedios. En el 714, por no dejarla expuesta al dominio de los moros, los Capitanes Rogelio y Fadrique la cogieron y caminaron con ella hasta Arconada, junto a Carrión de los Condes donde en una capilla subterránea estuvo escondida hasta 1113, en que un labrador habiendo observado un gran resplandor, se acercó, vio a la Virgen, y el pueblo, en procesión solemne la llevó a la Iglesia y fue colocada en el altar mayor con el nombre de Nuestra Señora del Socorro.

Allí permaneció hasta el año 1219, que con motivo de exigir el Conde de Carrión D. Juan a los vasallos de Arconada contribuciones especiales y no pudiendo pagarlas, se refugiaron en la Iglesia. Habiendo puesto fuego, el Conde, a las puertas de la Iglesia, se salió Nuestra Señora por una ventana que miraba al oriente, a la vista de todos los que se hallaban en la Iglesia y como invitándoles a que hiciesen lo mismo.

A los tres días se apareció a un pastor llamado Marcos, en el Valle de las Fuentes del término de Ampudia a quien habló de esta manera: "Marcos, vuelve a la Villa, que el ganado que apacientas yo le cuidaré; di a los Eclesiásticos y Seglares que la habitan, cómo aquí he llegado, y que vengan por mi a este sitio donde me ves, que aquí quiero ser venerada y servida de los fieles".

Al pobre Marcos no le hicieron caso, por lo cual tuvo que volver una segunda vez, y ante el asombro de todos, él,  ciego de un ojo, se presentó con la vista completa, razón más que suficiente para ser creído. Fue llevada solemnemente a la Parroquia hasta que se terminó de hacer el Santuario.

Noticioso de todo el Conde Don Juan, solicitó de los de Ampudia que le diesen la Sagrada Imagen y al negarse, les puso pleito ante el Señor Obispo de Palencia, que seguidos los trámites judiciales, sentencian que la Virgen sea restituida a Arconada. Dispuso el Conde una magnífica carroza tirada por tres pares de bueyes que reventaron al no poder mover la carroza con la Virgen. Esto ocurrió varias veces, lo cual fue interpretado como que la Virgen quería quedarse en Ampudia. Así se revocó en el cielo, la sentencia que se había dado en la tierra.

Hasta no hace muchos años, la capilla de la izquierda del Santuario, estuvo reservada en el día de la Fiesta para todos aquellos que de Arconada quisieran asistir.

Seguimos camino hacía la villa de Ampudia, declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1965. Desgraciadamente, solo podemos ver el exterior del magnífico castillo del siglo XV, en muy buen estado de conservación y  actualmente  propiedad de la familia Fontaneda, ya que solo se puede visitar los sábados por la mañana. Los alrededores del castillo están llenos de bodegas, al igual que en Dueñas, con las chimeneas-respiraderos asomando por entre la hierba de la colina, como puedes ver en la foto. Vemos, solo por fuera, la Colegiata de San Miguel Arcángel, pues es domingo y ya se sabe que los domingos por la tarde y los lunes cierran casi todo lo que suene a museo o monumento. Iniciada a finales del siglo XIII y acabada en el XVII, aunque no tiene un estilo concreto se la clasifica como gótico-renacentista. Consta de tres naves ojivales y se adorna con bóvedas de crucería y estrelladas. También me quedo con las ganas de ver y escuchar el maravilloso órgano barroco que parece ser alberga en su interior. La torre, de 62 metros de altura, recuerda vagamente a la de la Catedral de Toledo, y es sin duda el emblema de Ampudia, o al menos eso es lo que me parece. Y por último, destacar esas preciosas calles porticadas, que tanto suelen abundar por estas tierras. En la Galería de Imágenes puedes ver más fotos de esta bella localidad.

A 5 kilómetros de Ampudia, por la P-921, llegamos a Torremormojón. El castillo, cuyo origen es del siglo X, se encuentra emplazado en un elevado cerro, en las estribaciones de los montes Torozos,  desde el que se divisa un amplio panorama de la Tierra de Campos, lo que le permite estar comunicado visualmente con los castillos de Ampudia y Belmonte de Campos, en Palencia, y Montealegre, en Valladolid. En el casco urbano destaca la iglesia parroquial de Santa María del Castillo con su monumental torre románica de seis cuerpos, del siglo XI-XII. La construcción del resto del templo es del siglo XVI. También se pueden contemplar un conjunto de palomares en las proximidades del pueblo. Señalando con el ratón en la imagen del mapa, podrás ver el itinerario que hicimos en la tarde de este día.

Tomamos la CL-612, y a 12 kilómetros, pasado Villerías, cambiamos, ya en la provincia de Valladolid, a la VA-912, para llegar a Montealegre. Hacemos un pequeño alto para ver, por fuera, el castillo, del siglo XIII-XIV. A continuación tomamos la VA-912 hacía Valladolid, y a 9 kilómetros tenemos Villalba de los Alcores. Aparcamos al lado de la iglesia de Santiago, de la época de transición del Románico al Gótico, finales del siglo XII y principios del XIII. En el siglo XVI, con arreglo a trazas renacentistas, se levanta sobre la antigua torre la actual que puedes ver en la foto. La Cerca del atrio se construye en los primeros años del siglo XVII, y en los últimos años de XVIII se realizan el Pórtico y la Sacristía nueva, obras que siguen un estilo Neoclásico. Brevemente, pues hay misa, visitamos el interior. Parece ser que a continuación hay procesión, pero dado lo tarde que es, preferimos seguir nuestro camino.

Muy cerca de Villalba en dirección norte, por una carretera que enlaza con la VA-943, se encuentra el Centro de Interpretación de la  Naturaleza de Matallana. Este centro brinda una oportunidad única para ahondar en los secretos de la naturaleza, al tiempo que permite descubrir los restos del importante monasterio cisterciense de Santa María de Matallana; algo podemos ver en la foto de la izquierda. Desgraciadamente, son casi las 8 de la tarde, hora del cierre, así que tenemos que conformarnos con ver el exterior y sin las explicaciones del guía pertinente. Creo que debe valer la pena una visita más pausada; otro vez será. Entre otras cosas, hay una sala de exposiciones con muestras permanentes y temporales; un jardín botánico, que mantiene la tradición desarrollada por los monjes; una zona con restos arqueológicos pertenecientes al complejo monacal; un palomar acondicionado para su visita y un recinto temático en el que se exhiben más de 20 razas de ovejas de todo el mundo. Nos faltó por ver esto último, así como la sala de exposiciones. El acceso es libre, previa solicitud para grupos. El horario para grupos es, de lunes a domingos, de 10:00 horas a 14:00 horas. El horario para visita individual es sábados y domingos de 10:00 horas a 14:00 horas y de 17:00 horas a 20:00 horas. La entrada es gratuita. Más información en el teléfono 983-427-100 y en la Web oficial.

Por hoy, ya está bien de ruta, así que tomamos la VA-943 / P-943 en dirección a Ampudia y de vuelta a Dueñas. Pero como todavía parece que nos quedan ganas, damos una vuelta por el pueblo, aprovechando la caída del sol. Es una lástima que no esté mejor conservado y con más uniformidad urbanística. Habría que destacar, por encima de todo, la iglesia de Santa María de la Asunción. Este templo del siglo XIII, pertenece al románico tardío, con planta de tres naves y ábside semicircular con ventanas cegadas detrás del retablo. Las naves laterales son de traza gótica, con crucería sencilla apuntada. El Retablo del Altar Mayor es un auténtico tesoro de 1515, tallado por los maestros Antonio y Alonso de Ampudia. En su interior se aloja el Museo Parroquial donde se guardan algunos de los tesoros del templo como un bellísimo Ecce Homo de Diego de Siloé, de 1525. Al lado de la Plaza de España, se encuentra la iglesia de San Agustín, actualmente en restauración. Su origen es del siglo XIII pero el edificio actual obedece a una reforma de principios del siglo XVII. Tiene una impresionante nave central y cúpula sobre columnas toscanas. El resto de la edificación pertenece al Convento, hoy transformado en Casa de Cultura Ana García. En ella está la Biblioteca y un importantísimo Archivo Histórico con documentos desde el siglo XIII. A falta de Web oficial del ayuntamiento, aquí tienes mucha información sobre Dueñas; lástima que no esté actualizada. La verdad es que ha sido un día muy largo pero reconfortante;  mañana espera caminata...

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3 de Julio, lunes, por el monte de Dueñas.

Amanece en Dueñas. Como de costumbre, me levanto casi al tiempo que los pájaros y aprovecho para regar con el frescor de la mañana. Voy a comprar pan y magdalenas a la panadería Oviedo, muy cerca de la casa. Preparamos comida y bebida para la caminata de hoy, por el monte de Dueñas. El día es más que caluroso y aunque la intención es salir temprano para evitar las horas más fuertes del sol, al final lo hacemos sobre las 10 de la mañana. Salimos en el coche por la P-903 en dirección a Ampudia, por la misma carretera de ayer por la tarde, y a unos 4 kilómetros de Dueñas, a nuestra izquierda,  las antenas repetidoras nos advierten del desvío hacia la zona recreativa de Navalcó. Nuestra idea es hacer una de las rutas de los chozos, la más larga, la del chozo de Mundín. Después de un par de kilómetros o quizás algo más, de pista forestal, llegamos a una pradera donde hay un campo de fútbol, barbacoas, mesas, etc. Pero ojo, que no hay fuentes, ni en el área recreativa ni en la ruta que nosotros hicimos, así que procura ir bien provisto de agua o vino para los más marchosos. En la pradera hay un mapa con las distintas rutas e información. La que hemos escogido, según el mapa, tiene unos 6 kilómetros y 2 horas de recorrido, pero pienso que quizás sea algo más y que pueda haber algún error en la longitud del último tramo. Según el mapa, este último trozo de camino, desde que cruzas la pista forestal hasta que llegas de nuevo a la pradera y zona recreativa, serían unos 2,5 kilómetros, pero a mi me resultaron interminables y además no muy bien señalizado. Ojo, que me refiero exclusivamente al último tramo, el resto no tiene pérdida.

El camino discurre por monte bajo, robles y muchas encinas, algún que otro conejo y miles de mariposas con las que el viejo Dexter se entretiene. Como dije, se echa de menos la presencia del agua fresca de alguna fuente, pues la única que hay en la ruta que hemos tomado, ya nos advierte un cartel de que está seca. A mitad de camino, más o menos, llegamos al chozo de Mundín, que puedes ver en la foto de la izquierda. Estos chozos, rodeados de corrales, al ser de propiedad comunal, eran levantados por la paciencia de los propios pastores en un proceso minucioso guiado por la sabiduría popular. Cada hilera sucesiva de piedras se adentra un poco hasta dejar arriba la esfera que se cubre con una bóveda falsa sujeta por la presión de su propio peso y con tierra prensada. Recientemente, un campo de trabajo internacional los recuperó durante cuatro veranos. Los pastores jubilados, que conocían el secreto de estas construcciones, marcaron la pauta a los jóvenes voluntarios. En esta página, de la cual he tomado algunos datos, tienes más información.

Una vez llegados al área recreativa, lo cual celebramos con gran alegría dada la angustia que nos había entrado en el último tramo al pensar por momentos que nos habíamos perdido, nos buscamos mesa y bancos con una buena sombra donde tomarnos los bocadillos y hasta la última gota de agua.

Volvemos a la casa para reponer las provisiones de agua y coger unos mapas con el fin de hacer una nueva ruta vespertina de índole cultural. Al final, entre el cansancio acumulado  y el calor, acortamos el recorrido, visitando solo dos de los pueblos que en un principio teníamos previstos y dejando Frómista y demás pueblos del Camino de Santiago para la jornada siguiente.

En primer lugar, visitamos Astudillo, precioso pueblo a unos 30 kilómetros al norte de Palencia capital.  Desgraciadamente, no vemos todo lo que deberíamos haber visto; buena disculpa para volver otro año. El entramado de sus calles obedece a una concepción medieval que se ha visto respetada por el transcurso de los tiempos. Bonita plaza mayor, con calles porticadas en los aledaños. Vemos la iglesia gótica de San Pedro del siglo XVI (imagen a la derecha del texto), con un retablo mayor de la misma época y varias pinturas góticas,  la de Santa Eugenia, también del mismo siglo, fue ayuntamiento hasta la Edad moderna, y hoy es museo parroquial que destaca por un retablo hispano flamenco gótico, tallas romanistas y barrocas, casullas, y orfebrería litúrgica de los s. XIII a XVII, y que para mi gusto es la más carismática (puedes verla junto con otras imágenes de Astudillo, en la Galería de Imágenes), así como la iglesia gótica de Santa María, del siglo XV, que guarda el sepulcro de don Fernán Alonso de Astudillo y un retablo mayor del siglo XVI. En esta iglesia estuvo el sepulcro de doña María de Padilla cuyos restos se trasladaron a Sevilla en el siglo XVIII. Eso si, solo vemos el exterior de todos estos monumentos, pues al ser lunes, no hay visitas.

Para terminar la visita, echamos un vistazo al convento e iglesia de Santa Clara, del siglo XIV, que destaca por sus paramentos y cubiertas mudéjares, algunas ya existentes cuando fue palacio del rey Pedro I y de María de Padilla, fundadora de la congregación. Como dije, nos quedaron por ver algunas cosas, como el Castillo de la Mota (ojo, no confundir con el más famoso de Medina del Campo, Valladolid), que fue construido en la segunda mitad del siglo XV, sobre una fortificación del siglo XI, y por último, lo que me ha producido más curiosidad y que se encuentra en las entrañas, un secreto conocido por todos los habitantes del pueblo que se han aprestado a la conservación de un verdadero tesoro patrimonial. Este secreto lo constituye el entramado de bodegas o pasadizos medievales que minan una gran parte de las casas astudillanas.  La titularidad privada de estos pasadizos y la ubicación dentro de las propias casas dificultan la visita generalizada, aunque parece ser que puede contemplarse alguna muestra interesante en la calle Subida a las Bodegas (Peña Manguis y otras bodegas particulares). Espero volver algún día para verlo con mis propios ojos.

A unos 4 kilómetros de Astudillo, en dirección a Frómista por la P-431, se encuentra otro pueblo interesante: Santoyo. Solo por ver la magnífica iglesia parroquial de San Juan Bautista, bien vale la pena visitarlo. Al igual que en Astudillo, al ser lunes, nos perdimos el interior, así que otra razón para volver. La torre y ventanas son románicas del siglo XII y  en el siglo XV fue reformada por Juan de Arce que construyó tramos góticos hasta la cabecera. En especial llama la atención el crucero cuyas dimensiones y altura dan al templo aspecto de catedral. La capilla mayor corresponde a la altura de las tres naves que configuran el recinto eclesiástico, con tres arcos peraltados que se reúnen en el centro de la bóveda mediante una estrella. El pórtico de entrada a la iglesia es plateresco y está muy deteriorado por la calidad de la piedra. El magnífico retablo mayor del siglo XVI es obra de Juan de Juni. Posee un órgano, barroco, actualmente restaurado y en ella se ofrecen frecuentes conciertos; también me quedé con las ganas.

Como dije al principio del capítulo, decidimos acortar la ruta y regresar a Dueñas, que ya está bien por hoy.

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4 de Julio, martes, por el Camino de Santiago.

Sobre las 11 de la mañana salimos hacia Palencia y después, por la nueva autovía llegamos a Frómista, algo menos de 50 kilómetros desde Dueñas. Su nombre deriva del latín frumentum, trigo, indicando con ello que es buena zona cerealística, lo que ha sido base de su economía. Se nota la enorme influencia del Camino de Santiago, como agente revitalizador, en todos los pueblos por donde pasa, y Frómista es un claro ejemplo de ello. Y además, en este caso, coincide ser cruce con la carretera que une Palencia y Santander. Precisamente, en esta carretera, a su paso por el pueblo, aparcamos el coche debajo de una sombra, justo enfrente de San Pedro (imagen de la izquierda), iglesia gótica que se comenzó a construir en el siglo XV y que hasta el siglo siguiente no recibe su forma definitiva. Posee una torre de cuatro cuerpos, de aspecto rotundo y macizo. Uno de los elementos más interesantes del exterior es la portada renacentista, trazada por Juan de Escalante hacia 1560. Como elemento a destacar en el interior, presidiendo el presbiterio, se alza el retablo mayor, diseñado por Francisco Trejo en 1636, y que hoy sí que podemos ver.

A un par de minutos andando, cerca del cruce con el Camino de Santiago, llegamos a la plaza de San Martín, donde tenemos la famosísima iglesia románica del mismo nombre y que parece sacada de un libro de cuentos, o como apunta mi esposa, Eva, de aquellos recortables con los que tanto disfrutábamos cuando éramos niños. Erigida en 1.066, es un templo de tres naves paralelas,  más alta y doble la central que el resto, cortadas por otra de crucero, sobre la que surge una linterna octogonal del siglo XV, bien integrada con la construcción primitiva.  Posteriormente, fue restaurada entre 1896 y 1904, conservando su estructura original. En el interior podemos ver una maqueta que reproduce a la perfección el aberrante estado en que se encontraba antes de la restauración, aunque para algunos, ha sido peor el remedio que la enfermedad. En fin, ya se sabe, aquello de los colores y los gustos. A mi, personalmente, a pesar de todo, me parece una auténtica maravilla. En el interior, en el gran ábside central, hay tres bonitas esculturas, entre las que destaca, para mi gusto, un Cristo crucificado de fines del siglo XIII. Si quieres ampliar conocimientos sobre esta iglesia o sobre Frómista en general, te aconsejo le eches un vistazo a la Web del ayuntamiento, y sobre la iglesia en particular, esta otra.

Muy cerca de la iglesia de San Martín, me quedé sorprendido, quizás porque uno ya pasó de los 50, con la bella estética, al menos en su exterior, de una residencia de la tercera edad que creo recordar se llamaba Villa del Milagro (imagen de la izquierda). Con este nombre, también es conocida la villa de Frómista, debido a una leyenda que paso a citar a continuación:

Corría el año 1453, cuando un tal Pedro Fernández de Teresa pidió dinero prestado a un judío llamado Matudiel Salomón. Vencido el plazo, no devolvió el préstamo, y el judío le denunció a la autoridad eclesiástica, que le excomulgó. El hombre, como se vio excomulgado, pagó los dineros al judío, pero no se preocupó de confesarse y aclarar su falta. Cayó Pedro Fernández gravemente enfermo y pidió confesarse con el cura de San Martín, Fernández Pérez de la Monja, quien acudió a administrarle los últimos sacramentos. Cuando el párroco quiso darle la Forma, ésta se hallaba adherida a la patena con tal fuerza que no pudo separarla. Perplejo, el sacerdote preguntó al enfermo si había ocultado algún pecado o si acaso estaba excomulgado. Acordóse Pedro de lo sucedido con Matudiel y se lo explicó al sacerdote, quien le absolvió y le dio a comulgar otra Forma. Después, Pérez de la Monja tomó la Forma del Milagro, tal como estaba en la patena y la colocó en custodia en San Martín. En la casa en la que acaeció el suceso, cercana a la iglesia de San Martín, se guarda la estola del sacerdote, ya deshilachada, y a la puerta aún se puede ver la llamada "piedra del milagro".

En la misma plaza de San Martín, enfrente de la iglesia, tenemos la Venta Boffard, con un curioso museo del queso en su interior. Pero más que con el museo, nos quedamos gratamente impresionados con la exposición de pintura que en el interior están montando diversas personas, entre las que se encuentra la artista, Blanca Martínez, a la cual felicito in situ por sus bellas acuarelas. A posteriori, la pintora me comenta, que las otras personas eran su marido e hijos. En las imágenes a ambos lados de este párrafo, puedes ver el  programa de la exposición, de cuyo reverso he tomado estos bonitos versos escritos por ella misma:

Crear en un momento
lo que el alma siente.
Aprovechar el instante:
los colores pasan.
Cazar, furtivos, la vida,
en el papel.

Hay más cosas que ver en Frómista, como la Iglesia de Santa María del Castillo de estilo gótico-renacentista, la Ermita del Otero de una sola nave de trazado gótico, reformada en el siglo XVIII o el museo histórico-etnográfíco situado junto a la Iglesia de San Pedro, pero preferimos dejarlo para mejor ocasión. Siguiendo el Camino de Santiago durante 13 kilómetros, por la P-980, en dirección oeste, llegamos a Villalcázar de Sirga. Aquí paramos para ver la majestuosa Iglesia de Santa María la Blanca (imagen al principio del párrafo), sin duda,  uno de los templos más interesantes del arte gótico en España. El edificio que se erigió entre los siglos XIII y XIV, se trata de una gran construcción realizada en piedra y cubierta con bóvedas de crucería en su totalidad. Consta de tres naves de cuatro tramos, gran transepto marcado en planta, y cabecera de cinco ábsides: de testero recto e igual profundidad los tres centrales, y poligonales y algo más pequeños los extremos. Son muchas las obras de arte atesoradas en su interior, pero sobre todas ellas destacan por su incalculable valor el gran retablo hispanoflamenco del siglo XV, situado en la capilla mayor, y los magníficos ejemplos escultóricos policromados del siglo XIII: los sepulcros del infante don Felipe y de su mujer doña Leonor de Castro y la imagen de la Virgen Blanca, a la que canta el rey Alfonso X el Sabio en sus Cantigas. Para terminar, solo comentar, que la especie de plataforma con barandilla alrededor, sobre la que se encuentra ubicada, no la favorece en absoluto.

De nuevo tomamos la P-980 hacia el oeste y a 7 kilómetros nos encontramos con la ciudad monumental de Carrión de los Condes. Andamos un poco despistados, cruzamos el río Carrión  sin darnos cuenta y nos encontramos con el Monasterio de San Zoilo, del cual, al estar con obras de restauración, solo podemos ver el exterior. Aunque no es posible precisar con exactitud cuándo se fundó este monasterio benedictino, es posible que ya existiera en el siglo X. Sin embargo, es en la segunda mitad del siglo XI cuando se consolida como una de las más importantes instituciones monásticas de la llamada Tierra de Campos. Para conocer más sobre este monumento y Carrión de los Condes en general, te aconsejo esta magnífica Web. Como el hambre aprieta y además amenaza tormenta, buscamos dónde comer; el gran caballo de batalla de todos los viajes. Suelo fiarme bastante de una guía, que aunque es del año 2001, casi siempre me da buenos resultados, y que, desgraciadamente, al haberla dejado en Madrid y no tenerla a mano, me es imposible citar el nombre. La filosofía que tiene es la de recomendar, principalmente,  restaurantes con menús de menos de 12 € (precios de 2001). Nos decidimos por el Restaurante Abel, muy céntrico, en la calle Esteban Collantes 15. El menú cuesta 9 € y salimos de allí más que satisfechos. En mi caso, elijo unas magníficas alubias blancas de primero, trucha escabechada de segundo y cuajada de postre. Una vez termina de llover, nos decidimos a visitar algunos de los monumentos, aunque, como no, debido a la hora, los encontramos cerrados. Por la misma calle del restaurante, enfrente de la Plaza Mayor, nos encontramos con la iglesia románica de Santiago y sus excelentes esculturas de la fachada del siglo XII, entre las que destaca el famoso Pantocrátor que puedes ver en la imagen al principio de este párrafo. Te remito a la Web citada anteriormente para más información.

Bajando por la misma calle, pasada la Plaza Mayor, a la derecha, nos encontramos con una lápida conmemorativa (imagen de la izquierda) adosada a la casa donde nació el 19 de agosto de 1398, Don Iñigo López de Mendoza,  Marques de Santillana. La visión de esta lápida me retrotrae inmediatamente a mis 14 años, cuando en 4º de bachiller, estudiábamos con mucho fervor, yo al menos, aquella famosa Historia de la Literatura Española de José García López ¿Quién no recuerda aquella serranilla que así comenzaba?

Moça tan fermosa
non ví en la frontera,
como una vaquera
de la Finojosa.

Faziendo la vía
del Calatraveño
a Santa María,
vençido del sueño,
por tierra fragosa
perdí la carrera,
do ví la vaquera
de la Finojosa.

...

Seguimos bajando por la misma calle, que es por donde discurre el Camino de Santiago a su paso por Carrión,  y a la izquierda nos encontramos con unos bonitos jardines y con la iglesia románica de Santa María del Camino o de la Victoria, que puedes ver en la imagen de la derecha. Constituye el establecimiento religioso más antiguo de esta población. La iglesia actual se construyó a mediados del siglo XII, si bien hacia 1200 se amplió su zona oriental.  La portada románica se encuentra decorada con un friso que representa la Adoración de los Magos y otros relieves en los que se ha querido ver una alusión a la leyenda del tributo de las cien doncellas, cien damas que el pueblo había prometido carnalmente a los musulmanes y que se salvaron de la afrenta gracias a un milagro y a la ayuda del Marqués de Santillana, según cuenta la leyenda. También tiene una curiosa representación de los signos del zodiaco; sin duda, un lugar idóneo para la localización de historias fantásticas.

Por último, ya en el coche y antes de despedirnos de Carrión, echamos un vistazo rápido al Real Monasterio de Santa Clara. Edificio mudéjar de los siglos XIII y XIV al que se le fueron añadiendo nuevas construcciones hasta el siglo XVII, cuando el monasterio conoció gran esplendor,  guarda en su interior dos soberbias esculturas de Gregorio Hernández. Hay mucho más que ver en esta, como dije al principio, monumental ciudad, pero el calor y el cansancio apremian. Creo que bien merecería la pena una visita más detenida de un par de días completos.

Antes de dejar Carrión de los Condes, me gustaría dejar constancia de la procedencia de su nombre. En cuanto al nombre de Carrión, veamos lo que dice el Doctor en Filología Hispánica D.Jairo J. García Sánchez:

Ante la duda de cuál fue anterior, si el nombre del río o el de la población, y cuál de los dos, por tanto, cedió su denominación al otro, nos decantamos por la mayor antigüedad y la preeminencia del nombre del pueblo, dado que Carrión parece ser antes un orónimo que un hidrónimo —se aprecia bien en él la raíz preindoeuropea kar(r)- ‘piedra’—. Como es obvio, el complemento toponímico es un añadido moderno, muy posterior.

En cuanto a la segunda parte del nombre, en la Web del Ayuntamiento podemos leer lo siguiente:

... La villa carrionesa, tras los Gómez, estuvo siempre bajo la Corona Real, salvo efímeramente en el reinado de Enrique II. La búsqueda de los carrioneses por mantenerla en el realengo, llevó al concejo a pactar desde 1462 una hermandad con los condes de Castañeda, Osorno y Treviño, en evitación de la pretendida señorialización del conde de Benavente. La renovación de este acuerdo conducirá a que la localidad acabe conociéndose como Carrión de los Condes, nombre completo de nuestro núcleo que aparece por primera vez en el testamento de aldonza Manrique de 1522 ...

Nuestra próxima etapa será Saldaña, 21 kilómetros al noroeste por la CL-615.  Aparte del pueblo  con sus ruinas del castillo de Doña Urraca del siglo XII, la plaza medieval empedrada y las casonas solariegas,  sobre todo tenemos interés en visitar la cercana villa romana de La Olmeda. Lo que no tenemos en cuenta es que el primer martes de cada mes hay una feria de ganado y justo llegamos cuando están recogiendo y limpiando, con todo el centro del pueblo patas arriba, así que lo único que podemos hacer en Saldaña es llenar las botellas de agua fresca; vaya obsesión con el agua. Para rematar la faena y nunca mejor empleado el término, resulta que en La Olmeda están haciendo los consabidos trabajos de restauración, así que otro sitio interesante que nos quedamos sin ver.

Ya de vuelta en Dueñas, sobre las 7 de la tarde nos vienen a buscar los dueños de la casa, María y Alberto, para ir a conocer la zona de las bodegas en la parte alta del pueblo y más específicamente las Bodegas Salas, donde te puedes llevar tu propia comida y al fresquito de la cueva, acompañarla con un porrón de buen vino joven de Cigales,  a 0,95€ el litro; en la imagen de la izquierda se pueden apreciar las chimeneas-respiraderos de las bodegas. Allí pasamos un buen rato, entre chorizos, queso de oveja, pan de hogaza, vino, buena conversación y mi navaja de Albacete que prestó su primer servicio. Después hacemos una visita al interior de las bodegas, donde se conserva un antiguo lagar con el madero más enorme que he visto en mi vida, nos llevamos un par de botellas de vino y volvemos a la casa, dando un agradable paseo, esta vez cuesta abajo. Antes de terminar, quería hacer un comentario sobre las horrorosas farolas con forma de caja de cerillas, que por recomendación, según parece,  de un arquitecto hijo predilecto de Dueñas, se han colocado en gran parte de las calles del pueblo. Lástima no haber sacado foto alguna para dar fe de tal desaguisado.

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5 de Julio, miércoles, Valladolid.

Desde hacía varias semanas, habíamos quedado con el primo Luis y su esposa María en hacerles una visita e intentar ver lo más posible de esta bonita ciudad. Valladolid está muy cerca de Dueñas, unos 28 kilómetros por la A-62, salida 118, si mal no recuerdo, de la autovía. María ya me había dado las indicaciones pertinentes y no tenemos problema alguno para llegar y dejar el coche en el aparcamiento (muy aconsejable) gratis del recinto ferial de Castilla y León. Ojo, gratis, siempre que vayan dos o más personas en el coche. Según vienes de Dueñas, ves un rascacielos a tu izquierda, el único de la ciudad, sigues recto y poco después, a tu derecha, hay una gran escultura, creo que cubista, y enseguida tienes las indicaciones para el recinto ferial. No tiene pérdida. El aparcamiento está muy cerca del puente F. Regueral, sobre el río Pisuerga, y una vez cruzado, estás prácticamente en el centro, en la plaza de Poniente. Desde la terraza de la casa de Luis tenemos una espléndida vista, como puedes ver en la imagen, del río Pisuerga, el embarcadero, la playa fluvial y el puente Mayor al fondo.

El origen más probable del nombre de la ciudad sería celta, pueblo que utilizaba el vocablo tol como topónimo. A éste se le antepondría el vocablo latino vallis lo que daría lugar a Vallis Tolitum que derivaría etimológicamente en el gentilicio vallisoletanos y que originariamente vendría a significar valle de aguas, ya que se encuentra en la confluencia de los ríos Pisuerga y Esgueva, que antes de su canalización se extendían por varios ramales. Otra teoría,  es que quiera decir valle del sol o valle soleado (en la edad media era calificada como Vallisoletum), por la gran cantidad de horas de sol que recibe el valle tanto en invierno como, sobre todo, en verano. Por último, también existe la teoría de Valladolid como contracción de valle de lid, lugar por su llanura donde se reunían los clanes y tribus prerromanos para sus enfrentamientos armados. Aquí puedes ampliar conocimientos sobre este tema y otros relacionados con la ciudad.

Valladolid es una ciudad con mucho que ver y si te lo puedes permitir, te aconsejo estar tres días como mínimo. Nosotros, en un solo día, y de la mano de nuestros primos, vemos lo imprescindible; eso sí, acabamos agotados. Desde aquí quiero destacar la actitud de nuestro hijo, Paulino, que con sus 16 años, aguantó estoicamente la tournée al completo. En primer lugar, vemos la iglesia de San Miguel, en la calle Concepción nº 3, templo de sencilla apariencia arquitectónica con fachada de dos cuerpos y planta rectangular, construido en el último cuarto del siglo XVI bajo el patronato de los Condes de Fuensaldaña y que por fuera no dice demasiado. Lo mejor, que nos sirve de aperitivo de tanta maravilla escultórica que veremos durante el día de hoy, lo guarda en el interior. El retablo es de tipo romanista, como corresponde al primer barroco del siglo XVII, y su factura se atribuye a Adrián Álvarez, aunque varias de sus tallas fueron sustituidas por otras de Gregorio Fernández. También tenemos preciosos retablos barrocos en las capillas laterales, como puedes ver en la imagen de la izquierda, y un magnífico Cristo yacente de, como no, Gregorio Fernández.

Muy cerca, casi enfrente, en la Plaza de Fabio Nelli, el que fuera famoso banquero vallisoletano, está el palacio del mismo nombre. Actualmente es la  sede del Museo de Valladolid, creado en 1879 como Museo Provincial de Antigüedades y al que se le suele conocer como Museo Arqueológico. El edificio es uno de los mejores exponentes de la arquitectura clasicista vallisoletana de finales del siglo XV. En su construcción intervienen los arquitectos Juan de la Lastra, Diego de Praves y Pedro de Mazuecos, así como el escultor Francisco de la Maza a quien se debe la obra del patio y la escalera (detalle en la imagen de la derecha). Las colecciones del Museo se distribuyen en dos secciones: Arqueología (10 salas) y Bellas Artes (8 salas). La sección de Arqueología muestra una secuencia cronológica completa de la provincia vallisoletana entre el Paleolítico y la Edad Media. La sección de Bellas Artes ofrece pintura, escultura, orfebrería, mobiliario, tapices, cerámica popular española y una pequeña sección dedicada a la historia de la ciudad. Debido a la premura y por no ser prioritario, solo asomamos la cabeza al precioso patio; otra vez será.

Nuestra próxima parada es la iglesia de San Pablo, en la plaza del mismo nombre. Es la iglesia del convento dominicano fundado por Doña Violante, esposa de Alfonso X el Sabio, en 1276. El edificio del convento fue destruido a raíz de la invasión napoleónica. La construcción de la iglesia gótica fue iniciada en 1463 bajo el patronazgo de Juan de Torquemada. Fray Alonso de Burgos remata las obras y manda levantar la espléndida fachada-retablo de pura filigrana en estilo "Reyes Católicos" (foto de la izquierda). El primer tramo de la fachada es obra de Simón de Colonia, a quien también se deben los hermosos pórticos del crucero en el interior de la nave. En 1601 el Duque de Lerma adquiere el patronato del convento con el deseo que sirviera de reposo a sus restos. Levanta el segundo cuerpo de la fachada según el gusto renacentista del momento, en compartimentos regulares con un fondo de estrellas. Las esculturas se atribuyen a Pedro de la Vega, Juan del Río y Juan Rozadilla. El interior con bóveda policromada por Francisco Martínez, es monumental por su esbeltez. Su riqueza desapareció con la invasión francesa y la desamortización. Tan sólo queda de mérito una hermosa talla de Santo Domingo, de Gregorio Fernández y un Cristo yacente del taller del mismo. Actualmente está en restauración e incluso parte de la fachada está vallada.

En esta misma plaza, se encuentran otros dos monumentos de los que solo vemos el exterior. El Palacio Real, en el que Felipe III residió cuando trasladó a Valladolid la Corte, entre 1601 y 1606, es sede de la Capitanía General desde 1876. La fachada es de gusto clasicista, bien proporcionada. En los laterales se hicieron añadidos posteriores que la afean. Merece especial atención el patio principal, renacentista con decoración plateresca y la elegante escalera del XVIII con los ricos artesonados del XVII. El Palacio de los Pimentel, actual Sede de la Diputación. Es muy típica la ventana angular plateresca. En el zaguán existen preciosos azulejos talaveranos que representan escenas históricas de la ciudad. Elegantes son el patio y los artesonados mudéjares. En este palacio nace Felipe II el 21 de mayo de 1527. En relación a su bautizo hay una curiosa historia:

Era tan grande el prestigio de San Pablo que los padres de Felipe II, futuro rey, decidieron bautizarlo allí. Como el palacio pertenecía por distrito a la iglesia de las Angustias, tuvieron que romper la reja de una ventana lateral, que daba a una calle que sí pertenecía a San Pablo, y sacaron al niño por la ventana. Para la ocasión se construyó un pasadizo de madera, primorosamente adornado con ramaje, flores y frutas naturales, que unía la escalera del palacio con el Altar Mayor de la iglesia accediendo a través de esta ventana. La reja, del siglo XV, quedó practicable para que se pudiera seguir utilizando después. Otra versión, menos verosímil, sitúa el hecho en la famosa ventana angular.

Al lado de San Pablo tenemos el Colegio de San Gregorio, que hasta su cierre temporal por restauración, en 2001, era la sede del Museo Nacional de Escultura. Fundado en el siglo XV por Fray Alonso de Burgos, confesor de Isabel la Católica, es el monumento isabelino más importante de Valladolid. La portada (detalle en imagen de la derecha) atribuida a Gil de Siloé, es de una riqueza inusitada y de una decoración desbordante de fantasía; la composición, muy estudiada, realza el valor del pórtico primero y, en segundo lugar, del soberbio motivo heráldico que lo corona. Como dije, y a causa de las obras, nos es imposible ver el precioso patio, con altas galerías de arcos rebajados apoyados en columnas torsas (fuste en espiral) y con una galería alta, de vanos geminados, que se realza con una magnífica balaustrada.

El Museo Nacional de Escultura, se encuentra ubicado actualmente en dos edificios, ambos en la misma calle que San Gregorio. Por un lado, la capilla funeraria de Fray Alonso de Burgos, realizada a finales del siglo XV por Juan de Gaus y Juan de Talavera para honrar la memoria del fundador de Colegio de San Gregorio, y por otro lado el Palacio de Villena, del siglo XVI, con un magnífico patio de dos pisos de arquerías. Vemos en primer lugar este último, donde se encuentra la mayor parte de la obra. El museo atesora la más importante colección de imaginaria polícroma castellana, de los siglos XIII al XVIII, única en el mundo. De Alonso Berruguete, nuestro más genial escultor del XVI, destacan el gran retablo de San Benito Real y las tallas de San Jerónimo y San Sebastián, entre otras; de Gregorio Fernández, otro gran imaginero del XVI, el Cristo Yacente, Santa Teresa de Jesús, el Bautismo de Cristo y la Piedad; de Juan de Juni, el entierro de Cristo (para mi gusto lo mejor del museo; puedes ver un detalle en la imagen de la izquierda) y Santa Ana; Pompeyo Leoni, Pedro de Mena, Felipe Vigarny, entre otros, aportan su maestría a este gran museo. En el otro edificio, la capilla del Colegio de San Gregorio, vemos un interesante conjunto de piezas entre las que destaca el retablo del convento de la Mejorada de Olmedo, obra de Alonso Berruguete, la sillería del monasterio de San Francisco de Valladolid, realizada por Pedro de Sierra en el siglo XVIII, y una variada representación de escultura funeraria de estilos y tipología diversa.

Como no sacamos fotos ni vídeo debido a los reflejos de la enorme urna de cristal con la que se hallaba cubierto, se me olvidaba citar el precioso Belén Napolitano del Museo Nacional de Escultura, una auténtica maravilla. Procede de la colección madrileña de los hermanos Emilio y Carmelo García de Castro, que fueron reuniendo durante muchos años figuras y objetos conseguidos en el mercado nacional e internacional; y fue adquirido en 1996 por el Ministerio de Cultura. Me he permitido la licencia de escanear las imágenes del folleto que me dieron en el museo y como creo que vale la pena, transcribo a continuación el texto del mismo:

Aunque la tradición considera a San Francisco de Asís creador de lo que hoy se conoce con el nombre de Belén, la primera noticia histórica sobre su representación plástica data de comienzos del siglo XIV, cuando el arzobispo de Amalfi, Amoldo di Cambio, presenta la escena del Nacimiento mediante un conjunto de figuras de tamaño natural formado por la Virgen, San José, el Niño, la mula y el buey. A partir de entonces se extiende la tradición de instalar en el interior de las iglesias esta representación que se irá completando progresivamente con la incorporación de otros episodios (anuncio a los pastores, adoración de los Reyes Magos, degollación de los inocentes, etc.). Fue en la segunda mitad del siglo XVIII cuando en el reino de las Dos Sicilias, la configuración plástica del Nacimiento alcanzó su momento de máximo esplendor, consiguiendo desbordar el ámbito de lo religioso para instalarse en la corte y los hogares de la nobleza y alta burguesía, y adquiriendo una original personalidad que lo distingue de los de otras regiones italianas o países europeos. El futuro Carlos III de España, reinando en Nápoles, impulsó la difusión y arraigo de los llamados «presepi», continuándola después en aquel reino su hijo Fernando IV y en España el futuro monarca Carlos IV.

El belén napolitano se distingue por su espectacularidad y riqueza escenográfica conseguidas gracias al concurso de un cúmulo de artistas y artesanos que, con su imaginación y capacidad, lograron reproducir la vida popular y cotidiana como argumentación básica para acompañar el acontecimiento religioso de la Natividad del Niño Jesús. El mercado, la hostería, los bailes, los vendedores ambulantes, los mendigos, la taberna, el mundo gremial, el pastoreo, el cortejo real y todo aquello que estaba al alcance de la mirada o de la fantasía, tiene cabida en los pesebres napolitanos y se desarrolla al margen del hecho religioso que queda aparentemente relegado, aunque sus figuras protagonistas llaman poderosamente la atención del espectador, como las del coro celestial que se precipita sobre ellos como una catarata angélica. Las figuras que responden al tamaño denominado "tercina" (de 30 a 35 centímetros, escala que permite obtener detallismo y manejabilidad) son móviles, al estar hechas mediante un armazón de alambre forrado de estopa en el que se aplican las extremidades, talladas algunas veces en madera, y la cabeza, modelada en barro cocido, pudiendo conseguir gran versatilidad de posiciones. Los artistas únicamente intervenían modelando la cabeza, cuello y pecho ("testinas") y en contadas ocasiones las figuras se hacían de cuerpo entero ("academias").

La obsesiva búsqueda de la verosimilitud condiciona la policromía de estas piezas, la incorporación de ojos de cristal y hasta el vestirlas con los trajes adecuados en cada caso, estando prevista hasta la posición de sus manos y dedos según el accesorio que cada uno soporta. Pastores con zamarras, gentiles hombres con casacas y chalecos de seda, rústicos, cíngaros, turcos, camelleros... se revisten todos de acuerdo con su condición social, ofreciendo un riquísimo muestrario de trajes populares o cortesanos que permiten conocer usos, modas y costumbres de la época. El número indescriptible de accesorios ("finimenti") tales como: instrumentos musicales, armamento, cofres, frutas y hortalizas, los pescados, las vísceras de animales, los quesos, etc., se modelaban o hacían en barro, cera, plata, ébano, marfil, hueso, etc. consiguiendo en ellos un grado de minuciosidad inimaginable que aumentaba la suntuosidad y riqueza de todo el conjunto. Junto con los distintos personajes o "pastori" las figuras de animales (bueyes, ovejas, cabras, asnos, caballos, elefantes, galgos, camellos, etc.) son siempre de una gran perfección formal y constituyen el otro elemento clave del belén napolitano. En cuanto a la autoría de las obras se sabe que junto a escultores de primera categoría (Vaccaro, San Martino, Botiglieri, Celebrano, etc.) trabajando figuras humanas, animales o accesorios, lo hicieron también numerosos artistas y artesanos cuya personalidad no está suficientemente definida pero que alcanzaron una calidad homogénea y cuyos nombres únicamente se conocen gracias a las pocas ocasiones en las que firmaron sus obras o a las menciones documentales en que aparecen citados.

Al estar situado en la plaza de San Pablo, aprovechamos para echar un vistazo por fuera y también por dentro, al Instituto Zorrilla, donde la prima María, ya jubilada, ha desempeñado durante muchísimos años, la generosa labor de la enseñanza, como Catedrática de Inglés. A renglón seguido, hacemos un alto en las visitas para llenar el estómago. Los primos, Luis y María, con la mejor intención del mundo, nos llevan a comer al restaurante del céntrico Hotel Imperial, emplazado en la Casa-Palacio de los Gallo, del siglo XVI, en la calle del Peso nº 4, muy cerca de la plaza Mayor. Siendo el comedor de los más elegante, es una lástima que el menú, con gran variedad de platos, no esté a la misma altura. Siento decirlo, pero así como me gusta dejar constancia de los buenos sitios para comer, también me veo en la obligación moral de hacerlo con los menos buenos y que sirva de advertencia para el que me lea.

Después de comer damos una vuelta por la Plaza Mayor. Su fisonomía actual es fruto de la reconstrucción tras el gran incendio de 1561 que destruyó la zona comercial de la ciudad. Fue el arquitecto Francisco de Salamanca por orden de Felipe II quien diseñó la primera Plaza Mayor unificada en fachadas de España, que servirá de modelo a otras posteriores. Juan de Herrera diseñó el Ayuntamiento, que fue sustituido a principios del siglo XX por el actual edificio (imagen de la derecha), una obra eclecticista de Enrique Repullés y Vargas. Este espacio urbano no solo era lugar de mercado sino de todo tipo de espectáculos públicos como corridas de toros o Autos de Fe. En el centro está la estatua del conde Ansúrez, fundador de la ciudad. Para armonizarla con otras plazas castellanas se pintaron las fachadas de un solo color: rojo vigoroso. Entre otras curiosidades, nos encontramos con el Ayuntamiento engalanado, con motivo del V centenario de la muerte de Colón en Valladolid, el 20 de mayo de 1496, y con el Concurso Internacional de Esculturas de Arena 2006. En la Galería de Imágenes puedes ver algunas muestras, así como alguna foto más de esta bella plaza.

La próxima parada serán la Catedral y el Museo Diocesano. Felipe II encomendó a Herrera hacia el año 1580 el proyecto de una catedral que se construyó con mucha lentitud y cuyo espíritu no fue respetado por los arquitectos que continuaron las obras en los siglos XVII a XIX, como podemos ver en la decoración barroca de Alberto Churriguera del cuerpo superior de la fachada y en el cuerpo octogonal de la torre (imagen de la izquierda). El interior, clásico y grandioso, ha quedado inacabado pero es quizá la obra más hermosa de Herrera.  Las enormes columnas del interior son imposibles de abrazar ni entre tres personas. En la capilla mayor vemos el magnífico retablo policromado de Juan de Juni, tallado en 1572 para la iglesia de Santa María la Antigua y que en 1922 fue trasladado a su actual emplazamiento. Aprovecha los efectos de la perspectiva y de los diferentes grados de relieve de tal manera, que las estatuas parecen hablar entre sí.

El Museo Diocesano y Catedralicio se emplaza en los restos arquitectónicos restaurados de la Catedral vieja, Colegiata medieval, erigida por el Conde Ansúrez, fundador de Valladolid. Se trata de un conjunto de capillas funerarias (como la de San Llorente, en la foto), adosadas a la Colegiata del siglo XIII, modificadas en la reforma del gótico del siglo XIV. Aquí me ocurrió un incidente con la cámara de vídeo que ya me condicionó el resto de la visita. El caso es que una cara del DVD, con veintitantos minutos de vídeo, aparentemente se quedó inutilizada, y la única forma de arreglarlo pasaba por poner a funcionar la cámara, enchufada a la corriente alterna mediante un convertidor que por desgracia había dejado en Tenerife. Así que después de intentarlo de todas las maneras, llegando incluso a estar a punto de formatear el disco y perder todas las imágenes que había filmado ese día, al final, lo di por imposible y puse en la cámara otro disco vacío. Te puedes imaginar los sudores y los nervios que me entraron cuando me apareció en la pantalla de la cámara la palabra fatídica: formatear. En fin, cosas de la electrónica. Ya de vuelta en la isla, lo primero que hago nada más llegar, es intentar recuperar el disco, lo cual consigo sin problemas. Por destacar algo del museo, me quedo con el retablo de San Juan Bautista, de madera policromada, verdadera joya de la imaginería vallisoletana.

Lo más antiguo del edificio que alberga la Universidad  es la fachada (detalle en foto de la izquierda), de estilo barroco, construida en 1715 bajo la dirección de Antonio Tomé y sus hijos Narciso y Diego. Actualmente alberga exclusivamente la Facultad de Derecho y aquí cursó los estudios de esa disciplina, mi padre, Francisco Alonso Luengo, entre 1926 y 1930. Sobre esto, me cuenta el primo Luis, que para aminorar los costes, tanto su padre como el mío, que residían habitualmente en Astorga (León), solían hacer los dos primeros trimestres por libre y el último en la facultad. Aparte de la fachada, en el interior vemos el bonito hall de entrada decorado con magnífica cerámica de Talavera y la majestuosa escalera con preciosas vidrieras. Parece ser que ya en el siglo XIII existía en Valladolid un Estudio, germen de lo que había de ser en el siguiente la Universidad, al otorgar en 1346 el Papa Clemente VI los privilegios de la fundación de la misma pedidos por Alfonso XI. La Universidad vallisoletana recibió el título de Pontificia, como simboliza la presencia de la tiara en escudo de la institución. Del edificio que albergaba en aquella época las dependencias universitarias no queda el menor vestigio.

Cerca de la Universidad se encuentra el Palacio de Santa Cruz, sede del Rectorado, cuya fachada es el primer elemento renacentista que se construye en España a finales del s. XV. Fue mandado construir por el Cardenal Mendoza. En la elegante fachada armonizan los estilos gótico y renacentista y está coronada por una gran cornisa de estilo plateresco. En los contrafuertes es fácil observar la influencia gótica. En la segunda mitad del siglo XVIII los antiguos ventanales góticos fueron sustituidos por otros neoclásicos, los actuales, diseñados por Ventura Rodriguez. En el interior podemos ver el patio (imagen de la derecha) de bellas y amplias proporciones, de estilo renacentista, compuesto de tres pisos con arcos de medio punto, que se sustentan sobre pilares octogonales. Habría que destacar la magnífica biblioteca con más de 25.000 volúmenes. Hay incunables, manuscritos y códices, algunos de extraordinario valor como el libro titulado Beato de Valcavado, del que es autor Oveco, monje del Monasterio de Valcavado que vivió en el siglo X. Se trata de un bello códice mozárabe, primorosamente miniado, del año 970, en cuyo texto se comenta el Apocalipsis de San Juan.

Sin duda alguna, el símbolo de la ciudad lo constituye la iglesia de Santa María de la Antigua,  precioso monumento donde se conjugan a la perfección los dos estilos, románico y gótico. El templo fue fundado en el siglo XI por el Conde Ansúrez. De esta construcción románica se conserva la bella torre, rematada por un esbelto chapitel con forma de pirámide, y el pórtico norte, del siglo XIII. La primitiva iglesia fue sustituida por la actual, de estilo gótico, en el siglo XIV. La elegante majestad de la torre ha hecho que sea justamente calificada como "la reina de las torres románicas de Castilla". Es de base cuadrada y está perfectamente conservada. Consta de cuatro cuerpos, ocupando el inferior la mitad de la altura de la torre. Los otros tres cuerpos aparecen perforados por graciosos arcos de medio punto ajimezados. Como curiosidad, Quevedo alude en su obra El Buscón a la rapidez con que el cementerio que la rodeaba consumía los cadáveres

Por último, ya de vuelta a casa de los primos, vemos la iglesia del Monasterio de San Benito. El monasterio fue fundado por Juan I en el siglo XIV y la iglesia en en el XV. El pórtico de la iglesia del siglo XVI, proyectado por Gil de Hontañón, impresiona por su aspecto de fortaleza; el interior, gótico, albergaba la obra maestra de Berruguete; el retablo mayor y la considerada mejor sillería plateresca, atribuida a Andrés de Nájera, actualmente en el Museo Nacional de Escultura, pero conserva la gran reja renacentista que separa la iglesia en dos partes. La ampliación del Monasterio y la fachada la realizó Juan del Ribero Rada en el más puro estilo herreriano, que da nombre al logrado patio procesional.

Valladolid tiene mucho más que ver; esperemos volver algún día para continuar la visita. Entre tantas otras cosas, podríamos citar: las casas de Colón, Cervantes y Zorrilla; las iglesias de las Angustias, de la Vera Cruz, de la Magdalena y la del Salvador; los conventos de las Huelgas Reales, de Santa Ana, de los Agustinos (también Museo Oriental), de Santa Catalina, de las Carmelitas Descalzas, de Santa Clara y el de Porta Coeli;  los museos de Arte Contemporáneo Español, el de la Ciencia, y la Fundación Cristóbal Gabarrón.

Como colofón a este día tan largo y agotador, pero provechoso, no puedo pasar por alto la anécdota que nos ocurrió, ya cuando salíamos de casa de los primos, para dirigirnos al aparcamiento. Luis, nuestro hijo Paulino y yo, vamos bajando en el ascensor pequeño, mientras Eva y María esperan al grande. El ascensor hace una parada intermedia en el sexto piso. Una vecina asoma la cabeza y cuando ve que el ascensor, que es justito para cuatro personas de peso medio, ya va cargado con tres, se lo piensa mejor y no entra. Se cierran las puertas pero el ascensor no continúa su marcha. Por más que le damos al botón del cero, nada de nada. A Luis le da por hacer cosas rarísimas, dándole a diversos botones en una secuencia que supuestamente desbloquearía el ascensor, algo así como  6-0-5-1 ¿ciencia ficción? Se me olvidó preguntarle si realmente pensaba que eso podría arreglar el entuerto. A todo esto, el calor aprieta y la sensación de agobio es cada vez mayor. Pero ahí no queda la cosa, pues Luis se pone a leer un cartel que dice que en caso de bloqueo hay que tocar un botón para conectar con la central de urgencias; increíblemente, en vez de pulsar el botón que está situado a la derecha del cartel, lo que hace es intentar pulsar el gráfico que hay en el cartel. Después de un cuarto de hora interminable, y gracias a la portera, conseguimos salir del ascensor antes de que llegue el ascensorista.

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6 de Julio, jueves, Palencia y de nuevo La Trapa.

Después del día agotador que habíamos tenido ayer con la visita a Valladolid, decidimos dejar para mañana viernes la larga caminata por el Canal de Castilla e ir hoy a Palencia, en plan tranquilo. Siempre fue una ciudad que me gustó, una pequeña capital de provincias con todas las cosas necesarias a mano. La encuentro algo menos pueblo que la vez anterior, justamente hace diez años, pero sigue siendo igual de encantadora. Pocas cosas han cambiado desde entonces, incluso al igual que la vez anterior, aparcamos el coche muy cerca del centro, y gratis (todo un hito en los tiempo que corren), al lado del río Carrión, en la avenida de Santiago Amón, al que, coincidencias del destino, tuve como profesor de Latín durante buena parte del bachillerato y del que guardo un gratísimo recuerdo.

Antes de seguir, me parece oportuno citar algunos hechos importantes de la historia de la ciudad. La información está recopilada de la Web del Ayuntamiento:

Los orígenes históricos de la ciudad quedan inciertos, pero de lo que sí hay constatación arqueológica es de asentamientos prerromanos en el solar de la ciudad actual, a la que los celtíberos denominaron Pallantia. El pueblo que la ocupó fue el de los vacceos: culto, agrario y con una poderosa organización militar. Con los visigodos llegó la etapa de mayor esplendor para la ciudad, pues la constituyeron en sede de la corte, además que desde el siglo IV también era sede episcopal de relieve. Alfonso VIII, en el siglo XII, fue el más decidido impulsor de la ciudad, al concederle fueros y el primer concejo libre, y establecer en ella la primera Universidad de España. Es en el siglo XIV cuando la importancia y el volumen que había ido adquiriendo la ciudad obligan a la edificación de una catedral capaz de satisfacer las necesidades de una población pujante. La prosperidad económica del siglo XVI convirtió a Palencia, junto con las otras provincias castellanas, en el corazón económico y demográfico del Imperio. Uno de los acontecimientos más beneficiosos para la vida de la ciudad durante el siglo XVIII fue la construcción del Canal de Castilla por Carlos III. Las guerras del siglo XX, como la I Guerra Mundial o la Guerra Civil, favorecieron hasta cierto punto el desarrollo económico de la ciudad, cuyas industrias (harinera, lanera y de armas) eran imprescindibles para el abastecimiento de los beligerantes. Los años siguientes contemplaron cambios urbanísticos profundos en la ciudad, para hoy poder decir que Palencia es una ciudad agradable para vivir y que merece la pena visitar y disfrutar

Aunque solo sea por su calle Mayor y esa preciosa catedral, la bella desconocida, apelativo que también se puede extender a la ciudad, vale la pena visitar Palencia. Poco antes de llegar a la calle Mayor, veo un parking del cual no recuerdo su existencia hace diez años; debe ser de las pocas cosas que han cambiado desde entonces. Esta calle Mayor, porticada, de aproximadamente un kilómetro de longitud, no tiene desperdicio en toda su extensión; cada una de sus casas enamora a la vista. Como dije al principio del capítulo, la idea es hacer un recorrido en plan tranquilo, sin nada preconcebido, disfrutando del paseo, sin plantearnos la obligación de ir a ver tal o cual monumento,  y eso es precisamente lo que hacemos.

Después de haber recorrido más o menos la mitad de la calle Mayor, nos dirigimos lentamente hacía la Catedral, que aunque ya conocíamos de la vez anterior, siempre vale la pena una visita, y es que además, esta vez, pudimos ver hasta las mismísimas entrañas. Se trata de una catedral, que como la ciudad de Palencia, no es precisamente la favorita del turismo. Probablemente a ello ayuda el aspecto exterior austero y poco armonioso (salvo la preciosa cabecera) y sin una hermosa fachada principal como otras catedrales españolas. Sin embargo al entrar en ella nos percatamos de que se trata de un enorme y equilibrado edificio medieval con innumerables encantos entre los que destacan un gran número de obras de arte de distintos momentos y estilos, algunas de las cuales constituyen piezas únicas, ejemplares imprescindibles del tiempo en que fueron creadas.

Bajo el subsuelo del actual edificio de la catedral se esconden los restos de dos construcciones que constituyen lo que se conoce como la Cripta de San Antolín, una, al fondo de la cripta, corresponde a la época visigoda, y la otra al primer románico. La tradición atribuye la construcción de la parte visigótica al rey Warnba, de quien se dice que trajo las reliquias del mártir francés Antolín a Palencia. El conjunto de esta parte de la cripta presenta todos los elementos arquitectónicos y decorativos del arte hispanovisigodo de la segunda mitad del siglo VII: arcos de herradura, capiteles con esquemáticas hojas, e impostas decoradas con frisos geométricos (detalle en la imagen de la izquierda). La otra parte de la cripta se realiza en la primera mitad del siglo XI y está considerada como la más antigua del románico hispánico. Su construcción se atribuye al rey Sancho de Navarra que repuebla la ciudad y reorganiza la diócesis. A comienzos del siglo XIV comienza la construcción del edificio gótico cuyo modelo de referencia será la catedral de Burgos que estaba dejando sentir su influjo sobre todo el territorio de los reinos castellanos.  La construcción se acaba el siglo XVI, con la sala capitular y el claustro, obra en la que interviene el maestro Juan Gil de Ontañón, y que actualmente albergan el museo Catedralicio.

El interior de la Catedral tiene planta de cruz latina, aunque la ampliación del proyecto original en una segunda fase determinó la inclusión de un segundo crucero, por lo que el templo cuenta con cinco puertas. De entre ellas, la llamada de la Virgen o del Obispo es la más profusamente decorada (imagen de la derecha). Situada en el Crucero, se abre a la Plaza de la Inmaculada y es la más utilizada en las principales festividades y acontecimientos. La Catedral fue financiada en parte por sus propias rentas, y en parte por las donaciones de los obispos, clérigos y otras personas, algunas de las cuales compraron así su derecho a ser allí enterradas. Este fue el caso de Doña Inés de Osorio, cuya muerte acaeció a finales del siguió XV, siendo enterrada en uno de los laterales de la Capilla del Sagrario.

Todo el templo está enriquecido con importantes obras de pintura y escultura. Por sólo citar algunas, cuenta con una Virgen románica del siglo XIII en el retablo plateresco de la Capilla del Sagrario (imagen de la izquierda), tallas de Felipe Vigarny y Juan de Valmaseda, pinturas de Juan de Flandes y un Cristo gótico del siglo XIII conocido como el Cristo de las Batallas. El coro tiene una meritoria sillería del siglo XV y un órgano barroco. Se encuentra cerrado por una reja realizada por Gaspar Rodríguez en 1571 y sus laterales son obra de Diego de Siloé. El trascoro es todo un ejemplo de arte plateresco en piedra, realzado, además, por el tríptico de Los Dolores de la Virgen, encargado en Flandes por el obispo Fonseca al pintor Jan Joest Kalcar, uno de los mejores ejemplos del dramatismo y uso del color de la pintura flamenca que se puede ver en nuestro país.

Terminada la visita a la Catedral, dirigimos nuestros pasos de nuevo hacia la calle Mayor, para acabar de recorrerla. Esta calle empieza a adquirir importancia en el siglo XVI, cuando se instalan en ella la mayor parte de los artesanos, con sus talleres y comercios en la planta baja y las viviendas en la superior. Esto supone que las edificaciones en general no superan las dos o tres plantas. La calle Mayor sigue siendo el centro de la actividad comercial de la ciudad y el eje a partir del cual se organizan otras actividades administrativas y culturales. Allí, a la altura del plaza Mayor, se encuentra otro magnífico edificio (imagen de la derecha), el Colegio de Villandrando, de principios del siglo XX, proyectado por el arquitecto Jerónimo Arroyo. La fachada de estilo gótico está presidida por un mosaico de Daniel de Zuloaga, que representa el patronazgo de la Vizcondesa de Villandrando y fue restaurado en 1994 por el ceramista palentino Gerardo Pescador. Otros elementos destacados de la fachada son los capiteles de las columnas, decorados con alegorías de las tres virtudes teologales.

La plaza Mayor de Palencia no tiene, ni mucho menos, la grandiosidad de las de Valladolid o Salamanca, pero, como toda la ciudad, tiene ese aire pueblerino, en el buen sentido de la palabra, que la hace tan acogedora. Construida en el siglo XVII como lugar para festejos públicos y mercado de la ciudad, cumplió esa función oficialmente hasta el siglo XIX, aunque sigue manteniéndola en algunos aspectos hoy en día. Es un espacio rectangular con entradas por las cuatro esquinas, limitado por tres hileras de casas uniformes, con soportales sostenidos por pilares de piedra, y presidida por un edificio neoclásico de finales del siglo XIX: la Casa Consistorial (imagen de la izquierda). En el centro está el monumento que Victorio Macho realizó como homenaje a Alonso Berruguete. Fue realizado en 1963 para conmemorar el cuarto centenario de la muerte del escultor palentino. Es uno de los lugares con mas vida de la ciudad. Los días festivos por la mañana se colocan entre las columnas vendedores ambulantes formando un animado mercadillo.

La mañana en Palencia no da para más. Insisto, de nuevo, en que lo de ayer de Valladolid nos dejó saturados. Nos quedan por ver importantes monumentos como la iglesia de San Miguel, el monasterio de Las Claras o el convento de San Francisco, por citar solo algunos; estoy seguro de que tendremos ocasión de volver por tercera vez y disfrutar aun más a fondo de esta bella ciudad. La hora de comer se acerca y se plantea un debate familiar en el cual salgo perdiendo. Yo, que en un primer momento había comentado de ir a comer a Villamartín de Campos, a un restaurante especializado en la gastronomía del pato, a última hora me echo atrás pues me da el presentimiento de que la cosa no va a funcionar, como así fue. Después de mil vicisitudes, al estar en obras la salida de Palencia para tomar la N-610 en dirección León (aviso a navegantes), llegamos al restaurante, que está dentro de la Posada de Campos, un alojamiento rural donde también alquilan caballos. No se ve a nadie por allí, pero si que leemos claramente en un cartel, que el restaurante, al mediodía,  solo abre sábados y domingos. Como, a pesar de la gripe aviar y todas esas chorradas, la propuesta parece interesante, aquí tienes más información, incluido el teléfono. En el pueblo solo hay otro restaurante que no nos convence, así que decidimos repetir en El Zamorano. Eso sí, los 30 kilómetros que nos separan de Dueñas, los hacemos por carreteras locales solitarias y mucho más amigables.

La tarde, la pasamos tranquilamente disfrutando de la casa y en mi caso particular del maravilloso jardín y porche; no me cansaré de ensalzar las buenas sensaciones (good feeling que diría un anglosajón) que me producía todo este entorno lleno de decenas de pájaros, gorjeando a todas horas. Sobre las ocho de la tarde, cogemos el coche para ir de nuevo a La Trapa. La idea es asistir al Oficio de Completas con el canto de la Salve Regina. Para ponernos en ambiente, se me ha ocurrido introducir el texto en latín, con su correspondiente traducción al español. También puedes escuchar el sonido de esta preciosa antífona, uno de los mejores exponentes del canto gregoriano, y escoger entre el Modo 1-Tonus solemnis y el Modo 5-Tonus simplex. Este último era precisamente el que yo recordaba haber entonado tantas veces en aquellas inolvidables sabatinas del colegio Alameda de Osuna, en Madrid, así que me quedo un tanto perplejo cuando comienzo a escuchar la versión que interpretan los monjes; eso sí, la letra es la misma.

Salve, Regina, Mater misericordiae:
Vita, dulcedo, et spes nostra, salve.
Ad te clamamus, exsules, filii Evae.
Ad te suspiramus, gementes et flentes
in hac lacrimarum valle.
Eia, ergo, Advocata nostra,
illos tuos misericordes oculos ad nos converte.
Et Iesum, benedictum fructum ventris tui,
nobis post hoc exsilium ostende.
O Clemens: O pia: O dulcis Virgo Maria.



Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida y dulzura, esperanza nuestra, Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva.
A ti suspiramos, gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos.
Y después de este destierro muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima!,¡oh piadosa!, oh dulce Virgen María!

Esta vez, la reja que, dentro de la iglesia, se interpone entre los asistentes al oficio y el coro donde se sitúan los monjes, no se abre. Al poco de sentarnos en la primera fila de bancos  por detrás de la reja, entran cuatro hombres, sin hábitos, que se sientan dos o tres filas por delante de nosotros pero al otro lado de la reja. Interiormente me pregunto de dónde vendrán y si están alojados en el monasterio, pues se les ve muy devotos. Por fin, con un poco de retraso sobre la hora prevista (20.45), llegan los monjes, y la iglesia continúa casi a oscuras; nada que ver con la misa a la que asistimos cuatro días atrás. El ambiente es de un recogimiento inenarrable y cuando comienzan a cantar la Salve, me siento transportado a ¿otro mundo? En fin, que salimos de allí pero que muy reconfortados. Mi consejo es que si vas por Dueñas y aunque no seas creyente,  no dejes de asistir en La Trapa a alguno de los oficios; te aseguro que no te arrepentirás.

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7 de Julio, viernes, por el Canal de Castilla.

Ya está acabando nuestra estancia en Dueñas y todavía no hemos hecho el recorrido por el Canal de Castilla, uno de los motivos principales de haber escogido este lugar como centro de operaciones. Quizás por temor a la longitud del trayecto previsto, lo hemos ido retrasando hasta el último día, y además, nuestra afición al senderismo es relativamente reciente, de un par de años para acá; en fin, que nos podemos considerar casi unos novatos. Salimos de casa no todo lo temprano que yo hubiese querido y eso lo vamos a pagar después. El acceso al camino que recorre el canal, está muy cerca de la casa, justo por debajo del puente de Las Candelas, el que cruza la autovía, donde está ese gigantesco botijo que puedes ver en la foto. Curiosamente a la gente de por aquí, se les conoce como botijeros y precisamente de la Web del ayuntamiento de Dueñas, he sacado esta curiosa historia:

Arturo Caballero Bastardo y Fernando Caballero Chacón en el "Libro de Dueñas" (Ed. Caja Palencia, 1987), reseñan que el argumento de un drama que escribió un poeta de la corte de Fernando el Católico, viudo de la Reina Isabel, para celebrar sus esponsales con Germana de Fois, que se celebraron en el Palacio de los Buendía en Dueñas (1506), cuenta "el asalto y destrucción del Castillo, en poder de los moros, por los habitantes y vasallos a botijazos, sin que quedara piedra sobre piedra". La crónica ha dado lugar a que se conozca a los habitantes de la localidad por "Botijeros", sin que ello suponga ofensa o menosprecio, incluso hay lugares de la localidad que hacen honor a tal sobrenombre con un monumento al Botijo, ubicado en la hermosa Plaza del Doctor Sinova y modernamente se ha instalado otro botijo alegórico junto a la Autovía de Castilla. Las referencias al botijo en la vida cotidiana de los habitantes de Dueñas se han convertido en una "seña de identidad" que se ha enraizado popularmente. Las Fiestas Mayores de agosto se denominan "Botijeras"; cuando se divulga turísticamente algún aspecto característico se le acompaña con el "botijero/botijera" que le identifica como propio de la localidad y el mayor galardón de las Justas Poéticas es un "Botijo de Oro".

Situándonos a la derecha del botijo, bajamos por debajo del puente y tomamos el camino que va  por la derecha del canal en dirección Palencia. La idea es hacer en total unos 15 o 20 kilómetros entre la ida y la vuelta. Quizás, lo mejor hubiera sido llegar hasta Palencia, que más o menos está a esa distancia, y haber vuelto en autobús, pero preferimos que el viejo Dexter nos acompañe y disfrutar todos juntos de la caminata. Si en los aviones te dejan llevar perros pequeños, de hasta 6 kilos, en cabina ¿por qué no ocurre lo mismo con el transporte terrestre? No lo entiendo. Si va dentro del transportín y sin molestar a nadie ¿cuál es el problema? Te aseguro que en cualquier transporte público, puedes encontrarte con humanos bastante más animales, en cuanto a comportamiento e higiene, que la gran mayoría de los canes.

Buena parte del camino discurre por entre mucha vegetación y con árboles, lo cual se agradece porque el día es de lo más caluroso, pero hay tramos en los que las sombra brilla por su ausencia y el pobre Dexter va de lo más apurado, casi siempre por delante de nosotros, buscando la próxima zona umbría; si amplias la foto de la izquierda, podrás constatar lo que digo. Nos cruzamos con algunos ciclistas y, curiosamente, a los más jóvenes parece ser que les cuesta mucho saludar. También hay algunos corredores de fondo,  y uno de ellos, que ya pasa de los sesenta, se le ve  un portento del atletismo; qué velocidad y con esos calores. La primera vez le encontramos de frente, yendo en dirección a Dueñas, y al cabo de un buen rato escuchamos una voz por detrás de nosotros, que por lo inesperada nos da un buen susto, pidiéndonos paso. No podían faltar los dos viejetes que vienen de coger cangrejos, con uno o dos cubos, no recuerdo bien, llenos hasta arriba. Eso sí, cangrejo rojo americano, pues el producto nacional está de capa caída. En esta página he encontrado algo interesante sobre el tema:

Nuestras poblaciones de cangrejo de río autóctono (Austropotamobius pallipes) han sufrido, desde que en 1974 se introdujo en Doñana el cangrejo rojo americano (Procambarus clarki) en la Península, un vertiginoso declive, que le ha hecho desaparecer de la inmensa mayoría de su área de distribución. La afanomicosis, una enfermedad producida por un hongo, ataca de muerte a nuestros cangrejos de "patas blancas". Desde 1974, el cangrejo rojo ha ido colonizando todos los ríos peninsulares (ayudados por pescadores poco previsores). Estos cangrejos son inmunes a la enfermedad, pero se la contagian al sensible cangrejo autóctono, que muere en cuanto aparecen "los americanos". El resultado de la extinción local del cangrejo autóctono es ecológicamente fatal; éste se alimenta de detritus y contribuye a mantener limpio el medio acuático y evita la contaminación orgánica (eutrofización). El cangrejo rojo, por el contrario, arrasa con todo ser viviente (huevos, alevines, renacuajos, algas etc.) empobreciendo el ecosistema. Además, no hay que olvidar que las cualidades culinarias del sabroso cangrejo autóctono no tienen nada que ver con el insípido cangrejo americano.

Seguimos camino, pasamos las esclusas 38 y 37, alguna de ellas con un buen desnivel, y después de un largo tramo, con muchísimo calor, llegamos a una zona del canal con tres esclusas, la 34, 35 y 36, en el Soto de Albúrez, donde hay mesas para comer, fuente de agua fresca, área para juegos e incluso un bar, que lo encontramos cerrado, situado en  la antigua casa del esclusero; supongo que abrirá los fines de semana.  Dudamos entre parar a comer o continuar. Al final seguimos uno o dos kilómetros más, y a mitad de camino de la siguiente esclusa, la 33, situada en Villamuriel de Cerrato, nuestro hijo Paulino y el viejo Dexter, ya no pueden más, así que decidimos volver a la zona de las mesas y de la fuente para reponer fuerzas. En esta página tienes un mapa para poder hacerte una idea del trayecto, así como en esta otra.

Escogemos una magnífica mesa cuadrada de piedra, con una situación estratégica a la sombra de una sauce llorón y con vistas al canal (foto de la izquierda), y damos buena cuenta de todas las provisiones, incluido el vino de Cigales, que milagrosamente todavía se mantiene fresco. El lugar resulta de lo más paradisiaco y pocas ganas dan de tomar el camino de vuelta. Poco he escrito hasta ahora sobre el canal en sí, obra por la que siempre tuve auténtica curiosidad, al igual que aquella idea de obra fantástica, ofrecida por el ingeniero Juan Bautista Antonelli al rey Felipe II, y que hubiera supuesto unir Madrid con el mar, a través de Sevilla. Pero conozcamos algo más sobre el canal y su historia:

La historia de la construcción del Canal es la historia de un Gran Proyecto que pretendía, en primer lugar, unir Segovia con Santander, crear una red de canales que facilitara el transporte de grano y de todo tipo de mercancías con el fin de librar del aislamiento físico y económico a Castilla y León, y, en segundo lugar, traer agua para regar los siempre sedientos campos.  Las obras del Canal de Castilla se iniciaron en 1753 en Calahorra de Ribas. Después de continuos parones y numerosas vicisitudes, se terminaron en Medina de Rioseco en 1849. Casi un siglo de trabajo para otro siglo de navegación, pues como vía de transporte se dejó de utilizar en 1959. Recorre un total de 207 kilómetros con un desnivel a lo largo de su trazado de 150 metros. Se crearon tres ramales para conectar Valladolid y Medina de Rioseco con Alar del Rey, al norte de la provincia de Palencia: Ramal Norte desde Alar del Rey hasta Ribas de Campos, con 75 kms. de recorrido y 24 esclusas, Ramal de Campos desde Ribas de Campos hasta Medina de Rioseco, en la Provincia de Valladolid, con 7 esclusas, y Ramal Sur, desde El Serrón hasta la dársena de Valladolid, con 17 esclusas. El transporte de mercancías se realizaba por medio de barcazas que eran arrastradas por mulas que iban por los "Caminos de Sirga" los cuales discurrían paralelos a las márgenes del Canal. Se convirtió así, en la principal arteria del comercio castellano y palentino, aunque por poco tiempo. A lo largo de toda su ribera y principalmente al lado de sus esclusas, abundaban las fábricas de harinas (imagen debajo de este texto) y molinos. Estas fábricas utilizaban la fuerza motriz producida en las esclusas para su funcionamiento. La llegada del ferrocarril fue la causa principal de la decadencia del Canal, que posteriormente se decidió utilizar como canal de regadío.

Después de un pequeño descanso a la sombra del sauce y de llenar las botellas de agua fresca de la fuente, emprendemos el camino de vuelta. Como bien dije al principio del capítulo, por la mañana tendríamos que haber salido bastante antes con el fin de no coger las horas más fuertes de sol, como así ocurrió. Por si esto no era suficiente, se nos ocurre tomar el camino que va por la otra ribera del canal, por la derecha en dirección Dueñas, y que prácticamente adolece de sombra alguna. Animado por el clarete y por las muchas ganas de llegar, inicio la marcha a paso ligero, acompañado de las típicas canciones que se suelen entonar en estos casos. El único que me sigue es el pobre Dexter, que muy de vez en cuando hace un alto para tomar respiro y aprovechar la sombra de algún arbusto despistado, hasta que llegamos a la esclusa 37, donde la antigua fábrica de harinas (imagen de la izquierda). Estamos rendidos, así que decidimos esperar a que lleguen los demás. El último kilómetro, ya por zona de arboleda y sombreada, hay que llevar en brazos a Dexter, que cojea ostensiblemente de una pata; de hecho, tarda un par de días en recuperarse. Al final, según mis cálculos, han sido unos 15 kilómetros, no creo que mucho más, pero que, debido al sol y al calor,  nos han dejado fundidos.

La tarde la pasamos descansando tranquilamente en la casa, pero el espíritu viajero que llevo en mi interior, ni siquiera en un día tan ajetreado me deja en paz, y me recuerda que nos hemos quedado sin ver la iglesia más antigua que se conserva en España, la basílica visigótica de San Juan Bautista en Baños de Cerrato (imagen de la derecha y también en la cabecera de esta página). El camino es el mismo que nos lleva a La Trapa, pero en vez de torcer hacia el monasterio, seguimos hacia Venta de Baños. Una vez aquí, creo recordar que hay que pasar por debajo de un cruce a distinto nivel, por donde también pasa el tren, y poco después tienes el cartel indicador hacia Baños de Cerrato.

El rey visigodo Recesvinto, que, como veremos más adelante, se curó en las aguas de Baños de Cerrato, construyó el templo en el año 661; la fecha está grabada en el arco del ábside. Tiene forma de cruz latina con la cabecera al este, planta rectangular con tres naves, rematadas en capillas rectangulares en la cabecera. Las naves, con cubierta de madera, están separadas por columnas monolíticas de mármol de origen romano, con capiteles corintios, que sostienen arcos de herradura. Los capiteles tienen decoración floral muy estilizada en la que ya aparece la hoja alargada y nervada que más tarde se repetirá en el arte asturiano (imágenes de la izquierda y de la derecha). El edificio basilical visigodo que hoy contemplamos está construido con gran parte de los restos de un antiguo templo romano que seguramente se situaba en las proximidades de la actual fuente, también visigoda, que además suministraba líquido elemento para los baños romanos (termas) allí existentes y para los Balneos que todavía sobrevivían en el siglo X y que darían nombre a la villa. Veamos un poco más de historia, extraída de la Web del ayuntamiento, sobre la fuente y el templo:

La tradición asegura que volviendo el rey Recesvinto de "apaciguar" a vascones y aquitanos de sus constantes sublevaciones y correrías, al pasar por estas tierras cerrateñas oyó hablar de las excelentes propiedades salutíferas de las aguas de unos antiguos baños; como el monarca visigodo estuviera aquejado de un mal nefrítico, se acercó a los mismos y tomó sus aguas; al poco tiempo, su mal mejoró y sintiéndose agradecido, mandó edificar la conocida basílica y reconstruir la fuente como baptisterio (imagen de la izquierda), dedicándoselas a San Juan Bautista y cristianizando, de esta forma, un lugar que hasta entonces había estado dedicado al culto pagano de las aguas y las fuentes (ninfas). En el siglo VIII, durante la dominación musulmana, la basílica es parcialmente destruida y su poblamiento abandonado. A partir del siglo IX Balneos es repoblada, como así lo confirma la necrópolis de repoblación localizada alrededor de la misma. En el siglo XII, Baños y la Basílica pertenecían al patrimonio de la reina Doña Urraca. Posteriormente perteneció a diferentes señoríos, siendo usufructuarios los monjes de San Isidro de Dueñas. La Basílica de San Juan de Baños fue parroquia hasta el siglo XVI, en que se edificó la actual iglesia parroquial de San Martín, pasando a ser ermita en el siglo XVII. A partir del siglo XVIII, "Baños de Riopisuerga", fue villa de señoría secular perteneciendo al Duque de Noblejas y la Marquesa del Carpio. A mediados del siglo XIX, la ermita de San Juan Bautista, hoy Basílica de San Juan de Baños, se encontraba en estado ruinoso y las aguas de su fuente se seguían utilizando como remedio para algunas dolencias. En 1898, después de ser declarada Monumento Nacional, la Basílica de San Juan de Baños fue restaurada y con posterioridad, en 1966, sería declarada monumento histórico-artístico la "Fuente" próxima a la Basílica. En el año 1860, en plena revolución industrial, fue inaugurado el Ferrocarril del Norte, con todo lo que esto supuso para la antigua villa de Baños, y a la que no tardando superaría en población y desarrollo "La Venta de Baños", actual capitalidad del municipio.

Antes de irnos, damos un pequeño paseo por esta bonita y tranquila población, nada que ver con la industrial Venta de Baños, ayuntamiento al que pertenece. Vemos una preciosa casa, de similares características a la que nos estamos quedando en Dueñas, y que tiene un cartel anunciando que está en venta. La verdad es que nos atrae cada vez más la idea de comprar una casita en algún pueblo perdido de la meseta. Cuando volvemos del viaje, llamamos para informarnos, pero según nos dicen, no es la casa lo que venden sino unos almacenes o algo parecido.

Y así termino la primera parte de este relato, justo a mitad del viaje, pues mañana partimos a tierras sorianas, historia que desarrollaré en otra página aparte; por cierto, cómo me alegro de al fin poder quitar la imagen del obrero. ¡Ah!, se me olvidaba decirte que en la Galería de Imágenes, puedes ver más fotos de algunos de los lugares aquí citados.

El 7 de noviembre de 2016 añado este magnífico vídeo de YouTube llamado Canal de Castilla. El sueño ilustrado, producido por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente del Gobierno de España.

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Última revisión: 23-03-2017.
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