Historia incompleta de una diapositiva
Juan José Alonso Panero

El sábado 22 de julio de 2006 mi hermano Paulino me dio una sorpresa grande. A través del correo electrónico recibí una fotografía que él había escaneado previamente.

Tanto él como yo, grandes aficionados a la fotografía, afición heredada de nuestro padre, llevábamos varias semanas indagando en nuestros archivos de negativos así como en el de nuestro padre, que en su mayoría está en mis manos, aunque parte de él lo administra Paulino. Esta indagación de que hablo se debe en gran parte a tratar de "aportar material" a la Web recién creada por Paulino.

La foto que recibí el sábado 22 de Julio era una diapositiva que yo recordaba muy bien y cuyo protagonista era yo convertido en un pequeño holandés para los carnavales de Santa Cruz de Tenerife del año 1953. La imagen, verdaderamente bonita, tiene una historia aún más bonita en lo que se refiere al entorno de la misma así como a su por ahora "incógnito" autor.

El marco de la foto es la rambla de 25 de Julio, la llamada, al menos en mi infancia y primera juventud que viví en Santa Cruz de Tenerife, subida a Pino de Oro. Está hecha, aproximadamente a la altura de la calle del Teniente Martín Bencomo, mi calle, que tengo casi enfrente de mi visión en la fotografía. A mi espalda está el muro que encerraba la sombría casa solariega de Don Luciano García Machiñena, gran persona, militar de carrera que ocupó diferentes cargos, la mayoría en Tenerife, siendo si mal no recuerdo Gobernador militar de la isla ya en los años 60/70 del pasado siglo y llegando a Capitán General de la VIII región militar con sede en La Coruña, en esos años citados. Uno de sus numerosos hijos, Nicolás, llegó a ser íntimo amigo mío, y me gustaría, que si alguna vez lee estas líneas las pueda corroborar o corregir si en algo me he confundido. La vegetación que desde la casa se asoma a la rambla, a más de frondosa, es fiel reflejo de lo que entonces era Santa Cruz de Tenerife, con esas maravillosas buganvillas "robando" protagonismo al sujeto principal de la fotografía.

Esa subida de Pino de Oro tiene para mí recuerdos imborrables. A la izquierda de la casa de los García Machiñena, con otra casa entremedio (la de los Nagele), se encontraba la de mis también íntimos amigos Fernando y Emilio Beautell Stroud. En los jardines de esa casa (tristemente desaparecida hace unos ocho o diez años) jugué innumerables veces de niño. En la fotografía, justo en la esquina derecha podemos ver la entrada a "Las Mimosas". Aún no ha llegado hasta ahí la prolongación de la calle de Enrique Wolfson; para que ello fuera posible, hubo que "sacrificar" la casa de los García Machiñena, y así fue como desapareció en la segunda mitad de los 50 esa tapia que vemos en la fotografía y que dio paso a dos solares una vez derruida la casa y a través de los cuales surgió el trozo de Enrique Wolfson que enlazaba desde la calle Numancia, para llegar a desembocar tras atravesar la rambla 25 de Julio, en la calle Martín Bencomo.

¿Cómo ve mi imaginación ese Santa Cruz de Tenerife de los años 50? El cielo lo recuerdo azul. Adormecedor el sol. El aire, limpio y cálido, denso, cercano a la humedad. Árboles, laureles de india, con un callado, casi oculto movimiento en sus hojas. La calle, mi calle, sin un ruido. En toda ella, larga como de 300 metros, tres automóviles indolentemente estacionados. Junto a las aceras, montoncitos de tierra acumulados, yo diría que arena proveniente de la cercana África, esperan el paso casi siempre inútil, según yo recuerdo, del barrendero, cubierto con sombrero de paja y camisa y pantalón raídos. La primera, blanca; el segundo, gris, según me dice mi memoria. En sus manos una gran hoja de palmera seca, con la cual va removiendo, lentamente, la tierra que vuelve a posarse, lentamente, entre densas nubes de polvo unos metros adelante.

Son la diez, quizás las once de la mañana de un día de Junio. El colegio quedó atrás, y las vacaciones inician su andadura. Me siento, esperando a mis amigos, en el pretil del paseo central de la Avenida del 25 de Julio, que todos conocemos como Rambla de Pino de Oro, que sube pronunciadamente desde el cruce con la gran rambla del General Franco, junto al Parque de García Sanabria -el "parque"- hasta los altos, unos cien metros arriba, donde nacen "Las Mimosas". Mi calle, Teniente Martín Bencomo, comienza en la mitad de la empinada cuesta, y termina, perpendicular a ella, donde antaño se encontraba un pequeño barrio marginal, "Los Lavaderos", del que aun quedan restos, y donde desde hacía pocos años se levantaba el hotel más lujoso de la isla: el Mencey. Mi casa, la segunda comenzando por la izquierda, tenía el número 1 aunque en realidad era el 3, número que lleva en la actualidad. Junto a mi casa estaba la de mis íntimos amigos Federico y Fernando Thomé de Guezala, éste último tristemente fallecido hace tres años. En el costado derecho de la calle, frente a la nuestra, se encontraba la casa de los Préckler, poco más adelante la trasera de uno de los chalets que daba a la rambla del General Franco y justo al lado un gran solar en el que jugábamos y solíamos hacer hogueras la noche de San Juan.

Solo se oye el cantar acompasado de las cigarras. De vez en cuando, muy de tarde en tarde, lentamente, sube un automóvil la cuesta de Pino de Oro. A veces, dobla a la derecha y se introduce en mi calle interrumpiendo el partido de fútbol que algunas veces juego con mis amigos. Otras, continúa cuesta arriba hasta perderse en la distancia. Desde el fondo de mi calle, - ¡viejitas frescas! - la vendedora de pescados, con su cesto a la cabeza, vocea su mercancía. De algunas casas, todas unifamiliares como se dice ahora, con su pequeño jardín a la entrada, salen las criadas para llevar a sus cocinas el pescado fresco, casi vivo.

La visión de algún camello -en realidad dromedario- con sus alforjas bien llenas -gofio, harina- andando pausada y pesadamente tras el mago, tampoco es extraña en la zona donde vivo, una de las más bonitas de la ciudad.

El silencio, solo roto por los acontecimientos descritos, o por el afilador con su flauta peculiar y el ruido de la muela que saca punta a las tijeras o filo a los cuchillos, es el rey. El olor a mar, penetrante, está presente. La sensación que tengo de estas imágenes es un conjunto de silencio, soledad, tierra, polvo, algún coche, pocas personas y mucho sol.

Cuando he vuelto de visita, la última vez en el año 2000, la querencia siempre me ha llevado a esos lugares y puesto que nunca he perdido el contacto con las islas (allí estuve destinado como funcionario entre 1972 y 1975, en Santa Cruz viven mis hermanos Marisa, Charo y Paulino, y allí están enterrados mis padres y mis dos hermanos fallecidos en su tierna infancia), he visto el progresivo "desarrollo" y por lo tanto triste "deterioro" de lo que, repito, fue un auténtico paraíso. Donde solo había cuatro o cinco coches, hoy es imposible encontrar un aparcamiento.

¿Quién hizo la fotografía? Esta es la pregunta que nos hacemos mi hermano y yo, y a la que, de momento, no encontramos respuesta.

Comenzaré por decir quién no la hizo. Desde luego, no mi padre, pese a su gran afición a la fotografía. La diapositiva es de 1953 y está realizada con una cámara de 35mm. Mi padre no dispuso de una cámara de 35mm hasta 1954. En las fechas en que se hizo la fotografía mi padre tenía una cámara 6 x 9 y por lo tanto queda descartado como autor de la diapositiva. Puedo apuntar, además, que si el autor hubiera sido él, yo como protagonista, lo hubiera recordado.

¿Quién fue pues? Antes de contestar al "quién fue" preguntémonos quién en la mitad del siglo XX podía realizar una diapositiva en color en una España que apenas comenzaba a salir de la post guerra civil. A título de ejemplo, recuerdo que cuando mi padre adquirió, en el año 1953 justo antes de nacer mi hermano Paulino, un tomavistas 8mm, el revelado de las películas, que tenían una duración de tres minutos y medio, lo realizaban en Inglaterra, y recuerdo muy bien la algarabía que se organizaba en mi casa cuando mi padre venía de la Oficina y nos anunciaba que había llegado la película ya revelada. Los jóvenes de hoy, mis hijos entre ellos, si leen estas líneas, les costará creer lo que escribo. En fin, solo ya en los años 60 el revelado de las películas Kodak se realizaba en Madrid.

Este ejemplo viene a cuento de que las diapositivas, cuyo revelado incluía Kodak en el precio del carrete, con seguridad, en esos años no se podían revelar en Tenerife, y quizás, igual que las películas de 8mm tampoco en Madrid, sino en Inglaterra, donde Kodak tenía su central europea. Así pues, el autor de la misma tenía que estar acostumbrado a "lidiar" con este sistema y ser por lo tanto, hablamos de una capital de provincia española de mediados de los años 50 del siglo pasado, un "hombre de mundo".

Tengo tres candidatos como autores de la diapositiva, aunque no puedo asegurar que fuera otro diferente a los tres que cito a continuación.

1) Don Evaristo Iceta. Este vasco afincado en Santa Cruz de Tenerife, al que recuerdo en los primeros años 50 siempre con su chapela, vivía al final de la calle Martín Bencomo. Era un gran músico y llegó a ser Director de la Banda Municipal de Santa Cruz de Tenerife y de la Masa Coral tinerfeña. La fotografía era su "hobby". En mi poder tengo unas preciosas imágenes de mis hermanas gemelas de bebés, realizadas por él. Son auténticas fotos de estudio, aunque están hechas en mi casa, en la habitación de mis padres y en el exterior, en Martín Bencomo, la silla para dos de mis hermanas en pleno centro de la calle ¡quién lo diría hoy! Indudablemente no solo era un gran músico, sino un gran fotógrafo.

A su favor, la gran calidad de la diapositiva, acorde con la pericia de fotógrafo consumado de Don Evaristo. En su contra, yo le recuerdo con cámaras de gran formato y la diapositiva de que hablamos, como ya he dicho, está realizada con una cámara de 35mm. Además, no veo, tal como lo recuerdo, a Don Evaristo lidiando con complejos sistemas de envíos al extranjero para el revelado de sus fotos.

2) Félix Miethe. Los Miethe, Felix y Lotte (Carlota) y mis padres se conocieron en 1941 en la Pensión Alemana de Doña Margarita ubicada en la rambla del General Franco, en el edificio que hacía esquina con la rambla del 25 de Julio. Allí se hospedaron los dos matrimonios cuando llegaron a Tenerife. Las circunstancias y los hechos objetivos me llevan a suponer que los Miethe (quizás este no era su auténtico nombre) eran judíos alemanes que huían de los nazis y se afincaron en Santa Cruz. Esta hipótesis, siempre mencionada a media voz, hizo crecer alrededor de ellos un halo de misterio. Vivían, con una auténtica ama de llaves, Pilar, en una casona en La Higuerita, a medio camino entre La Laguna y Santa Cruz, donde tenían las oficinas de numerosas representaciones de productos alemanes, entre otros la marca de automóviles ya desaparecida Borgward. El hermano de Lotte, al que recuerdo en alguna visita a Santa Cruz en la mitad de los 50, era odontólogo y hablaba con mi padre en francés. Félix y Lotte no tenían hijos, y además de volcar todo su cariño en su perro Coco, sentían auténtica adoración por mí y mis hermanos que materializaban en verdaderos regalos de lujo para la época (nos traían trajes de Alemania, nos compraban zapatos, etc.). Lotte quería a mi madre como una hermana, siendo este cariño recíproco. Recuerdo que cuando Lotte falleció en 1963, viviendo ya nosotros en Madrid, mi padre asistió a su entierro en Tenerife. Años después, Félix se casó en segundas nupcias. Falleció en Santa Cruz en los años 70.

Félix era un gran aficionado a la fotografía y por lo tanto pudo muy bien ser él el autor de la diapositiva, ya que disponía de una cámara de 35mm. También su amplio y constante contacto con el extranjero juegan a su favor. En contra, el que dada la amistad que tenían con mis padres, es más que probable que yo le recordaría como autor de la foto.

3) José María de la Vega Artiach. Ingeniero industrial, natural de Santander, destinado en Santa Cruz, casado con Liola Tolstoi, sobrina nieta del famoso novelista ruso. La vida de Liola, con la que ya de "mayores" y destinados en Las Palmas en 1973-75 coincidimos, y con la que hizo auténtica amistad mi esposa Eloísa, es una verdadera novela digna de su tío abuelo. José María, ¡siempre coincidencias!, fue mi examinador, tanto presidiendo el tribunal del teórico, como en el práctico, de mi examen de conducir en septiembre de 1965.

José María y Liola eran íntimos amigos de mis padres, y él era, además de gran persona, un gran aficionado a la fotografía. Le recuerdo con una Contax IIIa como la que mi padre adquirió con posterioridad. Pudo ser perfectamente él el autor de la diapositiva. A su favor, la cámara Contax de 35 mm, que era "hombre de mundo", y además (algo que constaté ya en los años 70 cuando le traté como amigo en Las Palmas) amante y "caprichoso" en el buen sentido de la palabra, de las buenas cosas de la vida. Veo muy propio de él el "capricho" de realizar diapositivas en color en la España de principios de los años 50 del siglo pasado. El único apunte que puedo poner en su contra, es el mismo que con Félix Miethe: la íntima amistad con mis padres, me haría recordarlo como el autor que buscamos.

Podría añadir otros nombres, el de Paco Menéndez, también íntimo amigo de mis padres, que tenía una constante relación con Inglaterra. Fue, junto con su esposa Olga, de los muy pocos que asistieron (los puedo contar con los dedos de las dos manos) al cementerio en el entierro de mi madre en 1983. También pudo ser Guillermo Olsen…

En conclusión, y por ello llamo a este pequeño relato "Historia incompleta de una diapositiva", no sé, no sabemos, ni mi hermano Paulino ni yo, quién hizo esa maravillosa fotografía. A lo mejor, Internet tiene esas cosas, alguien que tenga la curiosidad de leer estas líneas y que esté en posesión de la verdad nos puede aclarar el misterio. Siempre hay que confiar en los milagros. 

Copyright © 2006 Juan José Alonso Panero. Reservados todos los derechos.
Diseño de la página y revisión del texto, Paulino Alonso Panero.
Última revisión: 12-08-2009.
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